lunes, 24 de octubre de 2011

Un solo país, una sola moneda

Pide ahora el Vaticano una única autoridad monetaria para la economía mundial y un banco central mundial (supongo que como el que quería Keynes antes de que se saltaran a la torera su borrador para Bretton Woods, no como el que hay ahora). Los seguidores de la Fe Bahá'í lo vienen diciendo desde hace más tiempo. Su fundador, Bahá’u’lláh, ya lo decía: "La Tierra es un solo país y los seres humanos son sus ciudadanos" y predecía que se llegaría a una moneda única para todo el mundo.
Pero me temo que las religiones son mejores para prohibir cosas que para ordenarlas. Por ejemplo, para prohibir prestar con interés, como sucedía con el cristianismo medieval, razón por la que los judíos, que no tenía tal prohibición, podían hacer fácilmente de banqueros sin pecar. Ahora sucede con los musulmanes y es curioso cómo intentan interpretar los textos sagrados para distinguir el préstamo bajo interés del préstamo con el interés como condición y, a su vez, de la usura.
Cuando se trata de promover, aconsejar, orientar y dirigir son un poco más débiles, al margen de que las prohibiciones son fácilmente interpretables, como sucede con ribâ al-nasi’ah, el interés que se carga a un préstamo. El chiste es el de los monjes medievales que echaban a las vacas a la balsa para poder pescarlas y, ya convertidas en "pescados", poder comerlas en los días cuaresmales de abstinencia.
¿Van los católicos a dar pasos significativos a favor de una autoridad económica mundial? A lo más, votarán, en España, por partidos que estén en contra del aborto, la homosexualidad, las células madres y, cuando llegue el momento, el darwinismo. El resto, retórica. Incluso la regla de oro común a tantas religiones: ama a tu prójimo como a ti mismo. Porque no todo el mundo es mi prójimo. Según muchos cristianos, los musulmanes, no lo son. Y viceversa. Señor, qué crús.

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