martes, 25 de octubre de 2011

Sobre el mundo real

El por qué de las guerras nunca acaba de estar claro. Ya pasó con la ocupación de Irak y ahora ha pasado con la intervención en Libia. Me costaba, en este caso, achacar el entusiasmo de la OTAN en el asunto a una cuestión de petróleo. De hecho, "occidente" (qué bonita palabra) ya tenía acceso a la extracción de crudo. Cierto que los rebeldes se hicieron muy pronto con el petróleo y que los nada fundamentalistas islámicos de Qatar reconocieron su autoridad a cambio de un acceso adicional, mostrando así lo muy "occidentales" que son. Y cierto que se dijo que se trataba de una maniobra distractiva promovida por Arabia Saudita, también "occidental" y nada fundamentalista islámica, para que no se fijasen muchos ojos en la Bahréin ocupada.
Sin embargo ahora vengo a saber que el petróleo sí que ha contado. No se trataba del acceso, sino del impuesto (las regalías) que el gobierno libio imponía a las compañías extranjeras que extraían petróleo y que estas consideraban excesivo. Una razón más, aunque probablemente no la única.
Lo que sí concluyo es que a medida en que nos acercamos al "pico del petróleo" (si no es que ya estamos en él), la codicia por obtenerlo y mantener el beneficio de las petroleras va a llevar a todo tipo de barbaridades salvajes, muera quien muera y con el coste medioambiental que sea. No sé qué va a pasar con el Yasuní en el Ecuador cuando le llegue la hora.
Está claro que es posible pensar en otros mundos posibles. En parte, para olvidar la crudeza de la realidad realmente existente. Es comprensible que ante tal crudeza, la mente huya hacia construcciones de "otros mundos posibles". Por ejemplo, un mundo en el que se dé el "decrecimiento" o en el que se reduzca la jornada de trabajo aumentando el número de empleados y manteniendo los salarios o en el que las empresas petroleras graciosamente regalen el petróleo al primero que pase o se ponga el medioambiente por encima del beneficio. Pero los hechos son tozudos. Como me diría Sciascia: Non è che io sia pessimista, è la realtà che è pessima. Y tanto.

1 comentario:

  1. La verdad es que aunque, en un principio, pueda parecer que las elites gobernantes en algunos países musulmanes poco tienen que ver con los “valores occidentales”, yo creo que los representan bastante bien. Probablemente la confusión se debe a que tenemos un concepto equivocado de lo que representa “occidente”. Habitualmente se cree que la “palabrita” define a un tipo de sociedades caracterizadas por unos sistemas políticos relativamente homologables (me voy a abstener de llamarles democracias por no ensuciar el concepto), unas expresiones culturales comunes, el cristianismo como motor de la modernidad (alucinante, pero es lo que dicen algunos), etc… Si creemos que “occidente” son todas estas chorradas, es cierto que a los líderes de los países musulmanes no hay manera de meterlos dentro ni con calzador. Ahora bien, si por el contrario pensamos que es un concepto exclusivamente económico en el que lo que prima es tratar de obtener el más alto rendimiento (para uno, claro), dejando a un lado todo lo demás, aquí si tienen cabida. De hecho, este concepto les encaja como un guante. ¿Cuándo dejarían de ser “occidentales”? Muy fácil, cuando apliquen medidas como grabar con impuestos la extracción de petróleo, por ejemplo (eso es de lo menos “occidental” que a mí se me ocurre). A partir de medidas como esta es muy difícil no darte cuenta de son unos dictadores, torturan, masacran a su población durante décadas, son unos sátrapas (este calificativo es mi favorito. Los sátrapas eran en realidad gobernadores del imperio persa nombrados por el emperador. Los de ahora podrían ser algo parecido del actual imperio, que creo que ya no es Persia). Vamos, que una vez que has visto la realidad no queda otro remedio que intervenir en sus satrapías militarmente antes de que produzcan una matanza con las armas que les vendimos.

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