jueves, 6 de octubre de 2011

Sexo y género

Son dos cosas distintas, digan lo que digan los académicos de la lengua. Una cosa es lo estrictamente biológico (genitalidad, caracteres secundarios, reproducción) y otra cosa es el papel que la sociedad hace jugar a cada uno de los sexos, que es lo que se puede llamar género por no usar una expresión más larga. Los comportamientos observables, de todos modos, no siempre están claramente separados entre los que se deben al sexo heredado y los que se originan en el género impuesto por la educación.
Conviene recordar que tenemos tres cosas difefentes a considerar: una es el instinto reproductor (el más evidente junto al instinto de conservación). Tiene que ver con la supervivencia de la especie que nos dota de tendencias que no solo se quedan en "yacer con hembra  placentera" para los varones, como decía el Arcipreste de Hita. Después están los milenios en los que esa división sexual en la reproducción (embarazos sucesivos, partos muy frecuentes, alta mortalidad infantil) lleva a una división sexual del trabajo, que es donde comienza a aparecer el género. El varón caza y la mujer se queda en casa embarazada y cuidando de la prole. La diferenciación de géneros, en las sociedades judeocristanomusulmanas, da un paso más cuando aparece una cuestión ya política: el patriarcado, es decir, no solo el androcentrismo sino tambien el poder interno a la familia y externo en la sociedad en manos de los varones, patriarcado que viene legitimado por le machismo.
Así, por ejemplo, se puede atribuir a la diferencia sexual y al instinto reproductor que cuando un varón entra en una piscina lo primero que hace es ver qué mujeres hay... que es exactamente lo que hará una mujer cuando entre en la piscina. El primero busca presas, la segunda competidoras. Item más: los varones se ven, ante el espejo, mucho mejor de lo que están realmente (justifican, así, su posibilidad de conquista) mientras que las mujeres, ante el espejo, se ven siempre peor de lo que están (dudan de su atractivo). En general, los varones ven, pero no miran, a una vieja, mientras que los mujeres, a un viejo, ni lo miran ni lo ven (y si lo miran es generalmente -no siempre, claro-  porque podría ser un cliente).
De la segunda consideración (la larga historia de división sexual del trabajo) se derivan curiosos comportamientos de unos y otras. Por ejemplo, los varones suelen tener visión telescópica: ven un punto delante de ellos, como si estuviesen buscando la caza. Las mujeres, en cambio, suelen tener visión panorámica ya que son capaces de ver lo que no están mirando (declaro que no es una ley general y que la primera excepción que conozco soy yo, bastante panorámico). O, por ejemplo, si un varón cuenta sus problemas a otro es para escuchar soluciones, cuando lo que quiere una mujer que cuenta sus problemas es ser escuchada. Escuchar como mujer a un hombre o como hombre a una mujer suele producir curiosos cortocircuitos.
Con la incorporación de la mujer al mercado de trabajo (dejemos de lado la cuestión del desempleo), se entró en contradicción con la segunda de mis consideraciones aquí: la división sexual del trabajo ya es otra y cuesta, a unos y a otras, adaptarse a las nuevas circusntancias cuando traen milenios de lo contrario y siglos de patriarcado. Otros animales (los mosquitos, por ejemplo) todavía no se han adaptado a las novedades (por ejemplo, que orientarse por la luz puede ser mortal ya que es bombilla eléctrica muy caliente). Y los perros domésticos siguen marcando su territorio orinando en las ruedas de los coches aparcados.
El problema no se resuelve deconstruyendo el tema sino entendiéndolo y sabiendo qué es exactamente lo que se quiere conseguir.

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