domingo, 30 de octubre de 2011

Pros y contras del "groupthink"

La traducción estaría entre "grupo pensante" y "pensamiento de grupo". No sé. Se refiere a un fenómeno muy común del que he escrito repetidas veces: el pertenecer a un grupo suficientemente homogéneo hace que las propias ideas se vayan acercando progresivamente a las de los demás, también en el mismo proceso de convergencia, hasta crear una especie de "mentalidad colectiva", un modo de ver las cosas que se comparte y, precisamente porque se comparte, se tiene por verdadero. Las religiones y los partidos políticos conocen estas cosas y por eso fomentan las reuniones periódicas de sus respectivos miembros que así, de paso, verán cómo se confirman sus ideas: si los demás también las tienen, es que son ciertas.
Me referí el otro día a un problema que tenemos cuando pretendemos entender, con nuestras propias fuerzas, lo que sucede a nuestro alrededor. Pongamos: la crisis. Lo que nos vamos a encontrar, si procedemos con cautela, son los datos que observamos o que sabemos confirmados. Son las cosas que son como son, las diga Agamenón o su porquero.
Sin embargo, acumular datos no nos permite entender lo que está sucediendo. Los críticos de "googlismo", esa tendencia -que comparto- de buscar y rebuscar en google, tienen razón sobre el riesgo que comporta el recurso indiscriminado a tal oráculo: tener los datos, pero no tener las conexiones entre los mismos que es lo que realmente permite entender qué está sucediendo. Se trata de conocimientos fragmentarios a veces sobre una única tema o manía. El propio país, por ejemplo.
Para nuestra desgracia, al intentar enlazar los datos nos damos cuenta de que nos hacen falta otros más para poder llegar a la comprensión. Pero resulta que esos que faltan no están disponibles para la observación o la constatación. Y son la mayoría, ay. ¿Qué hacer?
Pues buscar fuentes que nos los proporcionen. Los medios de comunicación son lo primero que viene a la mente. Pero el caso es que no buscamos en los medios de comunicación en general, sino que lo hacemos en "nuestros" medios de comunicación, es decir, en aquellos que nos proporcionarán la interpretación que encaja con la que teníamos preconcebida. ¿Hay o no hay grupos reducidos que pretenden dirigir el mundo y lo consiguen? Bilderberg, Trilateral, Davos aparecen inmediatamente como respuestas. Soy agnóstico a tal respecto: ni puedo demostrar que no ni que sí, aunque tengo mi opinión, más o menos fundada. Pero escuchando discusiones ajenas sobre este asunto, uno se da cuenta de que no son los datos los que se están poniendo sobre la mesa para ver si son verdaderos o falsos, sino que se discuten las interpretaciones para ver si encajan con las mías o no. 
Pero ¿cuáles son "las mías"? Pues generalmente la del grupo de referencia propio, aquel con el que más tratamos o aquel al que le atribuimos autoridad (o potestad) para dar la versión autorizada o poderosa de los hechos. 
Claro que no discutimos sobre asuntos de blanco o negro (como si los cuerpos caen o no caen) aunque tendemos a discutirlos como si lo fuesen. Pienso en el caso del poder mundial al que me acabo de referir o en el fenómeno mundial de los "indignados" y sus variantes, ya no 15-M sino 15-O. O qué pasó el 11-S (o, en las Españas, el 11-M). Como digo: tenemos algunos datos y algunas observaciones y algunos testimonios (algunos de los cuales es posible que sean mendaces) y sobre ellos hay que construir una narración de quién hizo qué por qué, para qué y a favor de quién. 
El "groupthink" viene en nuestra ayuda ya que, en mi grupo, hay una curiosa unanimidad (con matices, pero unanimidad en lo fundamental) sobre lo realmente sucedido (como con el asesinato de Kennedy): "nosotros" pensamos así, luego es que es así. Y no nos damos cuenta de nuestras propias contradicciones: el grupo nos absuelve. Así, desde la derecha se puede criticar el resentimiento de la izquierda sacando temas viejos como la Guerra Civil y, simultáneamente, se pueden expresar sentimientos resentidos hacia esa izquierda a la que hay que "machacar" (recuerdo, no invento).
Umberto Eco, en sus elucubraciones sobre inducción, deducción y lo que él llamaba abducción (conjetura sería más comprensible) hablaba del trabajo del detective que tiene que recoger datos y construir con ellos una interpretación al darle significados diferentes a cada uno de ellos. Pero, como bien sabía, para pasar del mundo de lo que el detective piensa a partir de los datos a la constatación de que las cosas habían sido así en el mundo real, necesitaba una cosa: que el culpable confesare enfrentado con la "evidencia" de las suposiciones del detective. 
Para asuntos como los que acabo de insinuar, el problema es que los datos no confiesan. Son mudos e inertes y algunos falsos (y no sabemos cuáles lo son: lo suponemos más o menos gratuitamente o más o menos determinados por nuestro "groupthink"). Así que hay que convivir con interpretaciones en las que el elemento subjetivo (y este subjetivo puede ser grupal) está presente y no es fácilmente controlable. Pongamos el 15-M: se puede tener la esperanza de que de ahí venga el cambio frente una situación indeseable, se les puede considerar incapaces de ser un medio para lograr dicho fin y ser únicamente expresivos de su indignación y se les puede llamar "resentidos", niños bien de clase media, autoritarios y demás características negativas (no invento, recuerdo: y se solucionaría la imprecisión sencillamente comparando los grupos que han participado, en el mundo, el 15-O).
Para empeorar nuestra triste situación de ignorantes, los diferentes "group" no sólo trasmiten, como "groupthink", interpretaciones "correctas" o "incorrectas" sino que también trasmiten modos de enfrentar el hecho de que hay otras interpretaciones (y otros "groupthink") en liza. La cultura de la confrontación es la más frecuente. Probablemente es la que trasmiten los medios de comunicación en sus programas "rosa". En concreto: yo poseo la verdad y tú estás en el error. Como suele ser la dominante, es la causa de que yo evite discutir: si mi "groupthink" es el que me proporciona la verdad, jamás podré aceptar la supuesta verdad, es decir el error, que viene del otro "groupthink". De hecho, no conozco un solo caso en el que, en estos asuntos, alguien haya cambiado de opinión después de un intercambio de pareceres o discusión de datos e interpretaciones, con independencia de que cada "groupthink" tiene su propia lista de datos a incluir en el esquema y datos a excluir (como el abogado defensor busca unas cosas y el fiscal otras, por lo menos en las series estadounidenses tipo Perry Mason).
La alternativa es la cultura del consenso. No es tan frecuente aunque lo parezca. Cierto que aparece en algunas negociaciones, pero no es factible: una cosa no puede ser verdadera y falsa a la vez. Tal vez ese sería el único consenso posible.
¿Qué queda? La alianza: ser capaz de ver qué hay de verdad en el otro y viceversa para lo cual hay que liberarse del propio "groupthink" cosa que se obtiene cuando uno pertenece a grupos muy heterogéneos. Es incómodo, pero es bueno para no quedar atrapado en la Verdad oficial de un grupo (social, mediático, religioso, político, gastronómico).
¿Únicamente lees blogs con los que estás de acuerdo? Malo.

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