domingo, 2 de octubre de 2011

Petróleo: conspiraciones empresariales

Sobre las grandes empresas suele haber más suposición que análisis concretos de situaciones concretas. Suelen atribuírseles las bondades o maldades que mejor encajan con los prejuicios del que lo hace. Las reacciones sobre lo declarado por parte del (supuesto) "trader" en la BBC han sido un ejemplo bien curioso si uno seguía las tertulias radiofónicas y clasificaba las reacciones según las diversas ideologías presentes en las mismas (algunas tertulias son más homogéneas que otras a este respecto: en general, si son "progres" son más pluralistas que si son "carcas").
Ante la posibilidad de que el mundo haya llegado al "pico del petróleo", es decir, al momento en que el consumo ya se hace a costa de las reservas sin que los nuevos descubrimientos lo compensen, se abren varias reacciones:
La primera consiste, en plan pensamiento positivo, en decir que "qué bien" ya que a partir de ahora se hace más probable una reacción global hacia tecnologías menos agresivas al medio ambiente y, por tanto, se reduzca el riesgo de cambio climático producido por la actividad humana en general y por el uso de combustibles sólidos (no renovables) en particular.
Otra es la de ver qué han hecho las sociedades que ya lo han sufrido y concluir que: "In the event of peak oil, we should not expect either immediate collapse or a smooth transition, but painful adaptation processes that may last for a century or more".
En medio hay muchas posibilidades, pero hay un tipo de argumento, relacionado con la primera reacción, que viene a cuento: el de imaginar que las empresas petroleras están ocultando sistemáticamente las alternativas para mantener sus beneficios, pero que ya conocen y trabajan en lo que vendrá después, así que no hay que preocuparse tanto, como los de la segunda reacción. Todo se andará, dicen. Y es ahí donde entra la imaginación sobre cómo funcionan esas empresas. Por un lado, los que creen que son entidades conspirativas que miran al futuro y procuran, desde su omnipotencia (potentes son), orientarlo para seguir sacando beneficios en el futuro. No encaja mucho con lo que algunos de los grandes empresarios estadounidenses han dicho sobre su relea, pero tiene sus visos de ser acertada.
Sin embargo, hay otra forma de imaginar cómo funcionan: sus directivos son unos seres que buscan el beneficio (personal, por supuesto) a corto plazo y "después de mí, el diluvio" o "el que venga detrás, que arree". Cuando se ve, como aquí, cómo las grandes empresas petroleras usan el dinero no para investigar o invertir en productos futuros sino para alterar financieramente sus propias acciones y que sus directivos se embolsen jugosos dividendos, uno tiene la impresión de que esta segunda opción es más cercana a la realidad.
Claro que si vemos la cuestión en términos menos estadounidenses, igual nos demos cuenta de que "Occidente" es presentista e individualista mientras que "Oriente" tiene mayor visión de futuro colectivo. No sé si eso tiene efectos prácticos. Ni siquiera si es una buena generalización. Pero lo que sí me queda claro es que las conspiraciones empresariales podrían no ser las que supone el pensamiento positivo.

2 comentarios:

  1. Puede ser que sea, pero cuesta creer que las grandes compañías no tengan su particular "agenda" a corto, medio y largo plazo.

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  2. Lo que me cuesta es pensar en las empresas de manera antropomórfica: como si fuesen seres humanos. Cierto que hay una legislación estadounidenses que casi les da ese estatuto y las hace sujetos de derechos. Pero prefiero pensar en las empresas como formadas por seres humanos concretos que pueden pensar (como los de las empresas que cita el enlace que he puesto) que "después de mí, el diluvio". No niego que pueda haber "estadistas" en las empresas, pero, por lo general, creo que predominan los "politiquillos". O, si prefieres, los caciques a los que les tiene sin cuidado el futuro del pueblo y sí su propio futuro personal ;-)

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