miércoles, 5 de octubre de 2011

Oro, incienso y recortes

El FMI es siempre noticia. Las menos, por los comportamientos de sus sucesivos responsables, Strauss-Kahn y Lagarde. Las más de las veces por sus acertadas evaluaciones de la situación económica de los diferentes países y por las no menos certeras previsiones sobre el futuro igualmente económico de países, regiones y del conjunto mundial. Los medios se encargan de airear, incensando a veces, esos informes que, además, suelen estar “secuestrados” hasta una fecha común para todos, conscientes del interés informativo que suscitan. Por su parte, los gobiernos que quedan bien en el informe tienden a subrayar la autoridad del Fondo, mientras que los que no quedan tan bien se  muestran más cautos y aseguran que los estudios propios son mucho más acertados, cosa, por lo general, bastante discutible como se encargan de airear los voceros de la oposición.
El “World Economic Outlook” de septiembre no ha sido una excepción. Prensa, radio y televisión se han hecho eco del oráculo que constata mayores o menores crecimientos para 2010 y augura diferentes comportamientos futuros para las distintas economías del mundo. En dicho informe, el Fondo anota, para España, un decrecimiento de su PIB, en 2010 respecto a 2009, de -0,1 por ciento y pronostica un aumento del 0,8 para 2011 y un 1,1 para 2012. Mantiene, pues, los datos de los informes de abril y de junio con sus malas consecuencias para el empleo. Las respectivas cifras para la Unión Europea son 1,8 en 2010, un 1,7 en 2011 y un 1,4 en 2012. Es decir, que la situación y perspectivas de la Unión son mejores que las españolas pero, a su vez, son peores que las mundiales (un 5,1 en 2010, un 4 en 2011 y un 4 en 2012), en buena parte por el buen comportamiento de los llamados países “emergentes”.
Estos datos son importantes porque de ellos se derivan las políticas que el Fondo “aconseja” en cada caso, generalmente ocupadas en la “estabilidad financiera” mundial, que es lo que preocupa al Fondo desde su fundación a mitades del siglo pasado. Las políticas son, habitualmente, de recortes y en ellos se basan las “condicionalidades” que el Fondo pone para que los gobiernos reciban nuevos préstamos. Son, por otro lado, de sentido común: si quieres poder pagar tus deudas y obtener crédito para seguir tirando, tienes que reducir gastos (públicos, claro) y aumentar ingresos (competitividad, sí, pero sobre todo impuestos). Y, rematando, reduce importaciones, aumenta exportaciones y controla la moneda. Perfecto.
¿Perfecto? El economista Joseph Stiglitz, que había trabajado para el Banco Mundial, escribió una vitriólica introducción a uno de sus libros, cuando el problema era el de la deuda latinoamericana, describiendo el comportamiento de los “expertos” del Fondo que proponían las mismas “condicionalidades” a países que tenían contextos muy diferentes entre sí y sin tener para nada en cuenta las consecuencias de la aplicación de dichas “condicionalidades” que muchas veces se convertían en un bumerán que hacía el remedio peor que la enfermedad, como bien se pudo ver en aquel entonces. Los dichos “expertos” creían conocer las leyes universales de la economía y podían, en consecuencia, diagnosticar y remediar los males de cualquier país en los mismos términos igualmente universales.
Pero es que, encima, las estimaciones del Fondo no han sido, precisamente, lo más acertado posible. Tal vez el caso extremo sea el que se refiere al 2009. En el “World Economic Outlook” de abril de 2008 se pronosticaba para la economía mundial un crecimiento del 3,8 que se rebajó ligeramente en el informe de octubre (lo de Lehman Brothers había sido en septiembre) y se dejó en un 3 por ciento que se convertiría en un -1,3 en el informe de abril de 2009, un -0,6 (ya a toro pasado) en el de abril de 2010 y que, ya pasado del todo, de un -0,7 en el informe del mes pasado. Las oscilaciones para 2010 han ido del 1,9 en abril de 2009 a un 5,1 en septiembre pasado. Ni han sabido anticiparse y ni siquiera han sido capaces de dar una cifra constante para los años ya pasados: en junio habían dicho que el decrecimiento del PIB mundial había sido en 2009  del -0,5 y en septiembre han dicho que fue del 0,7. Como para fiarse.
Hay varios tipos de dioses. Misericordiosos, irascibles, imprevisibles, volubles... Todos falsos menos el propio, claro. Casi todos se presentan como omnipotentes, omnipresentes y omniscientes. El problema de los que creen en el dios FMI es que éste pide a sus fieles sacrificios humanos.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-; los datos ya los publiqué aquí)

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