jueves, 13 de octubre de 2011

Los indignados de Nueva York

“Si Estados Unidos tiene una indigestión con Irán, no necesariamente los demás tenemos que ir al médico”, dijo a la prensa el entonces vicecanciller de Bolivia hace un par de años. 
Es curioso cómo los medios de comunicación dan más importancia a un presidente (estadounidense, por supuesto) que se atraganta con una galletita antes que a centenares de muertos en una oscura mina de un oscuro lugar de un oscuro país periférico. Lo que el ex-político quería decir es que ya está bien de esa funesta manía de dar más importancia a lo "made in USA" y, con mucha más razón, ya está bien de que "los intereses de los Estados Unidos sean los intereses del mundo, y viceversa".
Como país hegemónico, es compresible esa manía de verse como el centro del mundo aunque el centro de una esfera nunca está en su superficie. Un artículo de Naomi Klein sobre Occupy Wall Street, lleno de cosas sensatas, pero con esa manía del titular: "lo de aquí es lo más importante del mundo". No lo es, ni han descubierto la pólvora. En este caso, por motivos diferentes a los del ex-vicecanciller, la indigestión de los indignados estadounidenses (que ya tienen "imitadores" en Inglaterra), poco originales si uno toma la descripción del artículo que cito y otros reconocen, puede hacer que los indignados de otras partes del mundo, que lo estuvieron antes que los de Nueva York, cobren más fuerza y sí que haya que ir al médico o dejar que fenezca el sistema o que cambie.
No hay mal que por bien no venga. Un poco de optimismo nunca viene mal mientras no cree hábito.

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