sábado, 1 de octubre de 2011

Las dos orillas

"Vender" una visión del mundo en blanco y negro, donde uno está en el Bien y los demás en el Mal, es garantía de éxito. Las visiones dicotómicas, por lo visto, encajan bien con el simplismo instintivo de la especie humana que, como todas las especies, tiene muy claro lo de amigo-enemigo (e indiferente, es decir, inexistente). Hasta el Evangelio cae en ese vicio: "el que no está conmigo, está contra mí". Y el principio fue aplicado por el ex-presidente Bush (hijo) a propósito del terrorismo y es aplicado por los defensores del movimiento Occupy Wall Streey que dicen  que sólo hay dos opciones.
Pensé en un momento que los resúmenes de prensa estadounidenses que recibo (y que tanto se parecen entre sí, además de que, por problemas personales, se originan unos de otros como si fuesen células en bipartición) eran particularmente dicotómicos: los "progres" (ellos) por un lado, la orilla del Bien, y los "conservadores" (los otros) por otro en la orilla del Mal. Cierto que en la otra orilla hacen distinciones: al Partido Republicano (GOP), el Tea Party, Wall Street y así sucesivamente, pero están todos en el mismo saco. Algo así como presentaba la vida política española Julio Anguita: en una orilla él y los suyos, en la Verdad y el Bien, y en la otra orilla los demás, en el Error y el Mal. O sea, que, si me pongo a ver los portales en castellano que veo a diario ("progres", por supuesto), me encuentro algo parecido.
Sin embargo, la vida no es de "blanco o negro" sino en matices del gris: más o menos gris y con transiciones de tono casi imperceptibles. Además, la versión de "derecha-izquierda" como si fuese una línea recta (del 0 al 10, con todas las posibles posiciones intermedias) es también engañosa. Más se parece a una herradura o a una U mayúscula en la que los extremos están más cerca entre sí de lo que estarían dispuestos a reconocer (recuérdese: 6 millones, más o menos, de judíos muertos en la shoah y 6 millones, más o menos, de rusos muertos en el culto a la personalidad).
Esta versión de buenos y malos tiene, sin embargo, una gran ventaja sobre la quisquillosa de los matices del gris: es movilizadora. Así que, como en otros casos, hay que optar entre una versión que se acerca más a la realidad según creo, pero que tiene el peligro de la inacción, y una versión, menos realista, pero que puede producir el cambio de lo que los quisquillosos del gris se contentan (nos contentamos) con constatar. Obviamente, entre ambas versiones, presentadas aquí como dicotómicas, hay multitud de intermedios, faltaría más. La función, aquí, es la de entender la lógica de los extremos teóricos: la realidad se acercará más a unos o a otros, pero sin dicotomías. Y los extremos se tocan.

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