sábado, 8 de octubre de 2011

La seguridad es clasista

Al entrar el otro día en un edificio oficial de Madrid donde iba a dar un curso, tuve que dejar mi bolsa bajo el aparato de rayos x y pasar a mi vez bajo el "arco de triunfo" del detector de metales. Una vez cumplido con tan estúpido ritual, la policía me preguntó que a dónde iba, a lo que contesté que iba a dar tal y tal curso en la sala tal y tal. "Ah, ¿es usted el profesor?", me dijo. Y, sí, le dije, a lo cual ella añadió que la próxima vez se lo dijese para no tener que pasar ni por los rayos ni por el arco.
Pase (y pasé). Pero eso quiere decir que los profesores no podemos ser terroristas y que eso se deja para los mindundis. Lo cual, vista la historia, es absolutamente falso.
Item más, en el tren, esta vez, no ha habido que pasar por escáner de equipajes, de lo cual me alegro aunque un lector del periódico en el que escribo semanalmente, protestó en carta al director al ver reducida su seguridad ya que, a partir de ahora, cualquiera podría ponerle una bomba en "su" tren. De nuevo echando mano de la historia (me estremezco siempre que paso por la sala en conmemoración de los muertos en los atentados de Ataocha) habría que recordarle al indignado que los atentados han sido contra trenes de cercanías cargado de currantes que acudían a su trabajo, en muchos casos precarios y en más de uno en la economia sumergida. En esos trenes de currantes nunca se ha puesto "seguridad". Por suerte se ha quitado en los de largo recorrido.
Curioso en todo caso. "La gente bien" (como yo) nunca es terrorista, y los terroristas, cuando atacan, no atacan a "la gente bien", así que mal hecho el dejarme pasar sin vigilarme (mejor que no vigilen a nadie ya que un buen terrorista tiene siempre alternativas y va un paso por delante) y bien hecho quitando esos sistemas tan tontos en los trenes que sobre todo sirven para que la gente se sienta segura, no para que lo esté efectivamente.

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