viernes, 14 de octubre de 2011

Indignados de todos los países, uníos

En lo que va de año, he dedicado al tema de los "indignados" en general y al 15M en particular como una docena de posts que, curiosamente, son los que más comentarios han suscitado. No me preocupa tener más o menos comentarios, sino que lo traigo como indicador de que la cuestión es inseparable de internet: interés, convocatorias, compartir, sincronizar. Lo de mañana es una prueba en los dos sentidos de la palabra: se prueba lo dicho y se pone a prueba el propósito.
Vistos ahora "sine ira ac studio", me doy cuenta del escepticismo que subyace a mis propios comentarios. Siempre he reconocido que comparto los motivos para la indignación y hasta podría añadir algunos más, fruto de yuxtaponer indignados ingleses con chilenos con estadounidenses con egipcios con griegos o portugueses. Un conjunto heterogéneo, sí, pero que precisa de mayores dosis de interconexión como la que se pretende mañana.
Mi escepticismo ha girado en torno a la capacidad de estos movimientos no tanto para producir propuestas, sino para que éstas vengan acompañadas de caminos por los que conseguirlas. Las "cartas a los Reyes Magos" son muy respetables, pero no por eso se cumplen si los padres de la criatura no tienen poder adquisitivo para hacerlas realidad. Decir "no a los terremotos" no es suficiente para que los terremotos dejen de producirse. Y no te digo si lo que se grita es "no a la ley de la gravedad". O "no a la codicia" o "no a los CDS" o "no a los hedge funds".
Mi escepticismo es equivocado. Sufro de mi pasado estructuralista que comencé a intentar superar cuando me di cuenta de que los fenómenos sociales son históricos, es decir, cuando aprendí a introducir la variable tiempo. Lo que algunos indignados (pienso en uno concreto, que tiene un pasaporte distinto al mío, que es académico, pero que también está en política y, encima, es un buen amigo), lo que algunos indignados, digo, me han enseñado es a platear el cambio social introduciendo la voluntad de los actores sociales. Para mi vergüenza profesional: lo que haría Weber buscando la acción dotada de sentido.
Pretender que los indignados vayan a tener un efecto inmediato es otro error. Pueden ser como la gota que cava la piedra no por su fuerza sino por su tenacidad (saepe cadendo): van socavando poco a poco la legitimidad de unas determinadas reglas del juego (económico, político, social), van planteando poco a poco que hay otras formas de organizar las cosas y, sobre todo, van introduciendo la idea del cambio generacional en la gestión de la sociedad (sea desde arriba o en horizontal). Es tiempo, es cuestión de tiempo. Y ver los problemas con algo menos de espíritu de campanario (¡fantástica la conexión entre indignados de Quito y de Madrid!) pero también siendo conscientes de los efectos secundarios a corto plazo, como podría ser la difusión de triunfos electorales conservadores (tanto si se definen como de "derechas" como si se definen de "izquierdas").
En el caso español, no hay renovación generacional en los partidos politicos y, casi por definición, en la élite económica que tiende a ser gerontocrática. Pero llegará por parte de una generación que sintoniza mejor con los indignados aunque mantenga su militancia. 
Obvio que la vida no es una novela y no se excluye el intento de manipular los movimientos a favor de determinados partidos. No sería la primera vez ni será la última.
Hay algo que, en mi escepticismo, sí que me tiene seguro y cierto: vamos muy mal si seguimos por donde vamos. Problemas con la economía, medioambiente, seguridad, alienación, polarizacion, manipulación, represión, marginación, explotación... No sabemos a dónde vamos, pero vamos a toda velocidad y no parece que el destino sea bueno. 
Así que tengo que optar entre las certezas sobre lo negativo y las dudas sobre el cambio que, por supuesto, no necesariamente tiene que ser a mejor como sucedió con algunos "alternativos" bienintencionados mientras subían los nazis en la Alemania de los años 20. El que avisa no es traidor.
Ahora el paso siguiente es extender y profundizar la internacionalización incipiente. Y desear que el éxito de mañana sea, si no total, por lo menos aceptable.

2 comentarios:

  1. Tambien me muestro muy escéptico respecto a todo el movimiento, sin embargo hay algo que me inquieta. Mientras las elites políticas y económicas buscan soluciones locales y cortoplacistas esta sopa sigue calentándose y sin soluciones o alternativas sistémicas.
    Vamos en una dirección equivocada y no sabemos cuanto está de lejos el punto de inflexión, ni cual es el escenario alternativo.

    ResponderEliminar
  2. Sí, pero es buena señal que los movimientos empiecen a sincronizarse (oh, bendito internet que nos une tanto). No soy entusiasta (en general), pero mañana iré a la manifestación que tengo más cercana a mi pueblo.

    ResponderEliminar