lunes, 3 de octubre de 2011

El problema no es local

Leo un post sobre el impacto que la inminente debacle del euro (sea porque Grecia se va, sea porque no se va pero hay efecto dominó) puede tener sobre la economía de los Estados Unidos. Nada nuevo excepto cuando llego a uno de los comentarios al texto. El comentarista dice algo así como "pero, si el problema es de fuera, ¿por qué los grandes empresarios le echan la culpa a Obama?". Exagera, pero viene a decir lo que se puede decir de otros sitios: hay una parte del problema que es general, sistémico si se prefiere, y una parte del problema que es de gestión local (gobiernos centrales por lo menos).
Como he repetido, la segunda parte explica por qué los gobiernos de los países centrales (incluyendo a los Estados Unidos) tienen perdidas las siguientes elecciones (2012 va a ser un año entretenido a este respecto y Obama ya reconoce que las probabilidades de reelección vienen lastradas por la "crisis"). 
Pero olvidar la primera hace que tengan dificultades de ser eficaces las soluciones basadas en lo local únicamente. Ese es el problema de los keynesianos y marxistas heterodoxos: que piensan en el país o en la "formación social históricamente determinada", en la acción del gobierno y en el mercado (laboral, productivo) local y les cuesta introducir el elemento sistémico, aunque ya hubo hace muchos años propuestas de "keynesianismo global" (si no recuerdo mal, en el informe Brandt). 
Y ese es el problema: que hay que dar respuestas locales a un problema que no es únicamente local. Para el caso que nos ocupa, basta con que sea europeo para que el margen de maniobra de los gobiernos locales sea el que es y viene dictado por cartas del Banco Central Europeo exigiendo determinadas medidas bien poco keynesianas. No conozco la carta recibida por el gobierno de España porque no se ha publicado, pero la que recibió Berlusconi sí. En ese sentido, los gobiernos tienen que optar entre guatemala y guatepeor: no hacer caso al BCE, estimular la demanda y no recibir las ayudas o hacerle caso, deprimir la demanda y recibir la ayuda. No hace falta ser Roubini y tener intereses en ello (o ser Soros) como para darse cuenta de que el problema tiene muy difícil solución. Como me decía Leonardo Sciascia paseando por Alicante: "Non è che io sia pessimista: è la realtà che è pessima". Y los que pagan son los de abajo a los que les queda el derecho al pataleo como en Grecia o Portugal.
(añadido el 19 de enero de 2014: por fin he podido leer la carta que recibió Zapatero en agosto de 2011 y que fue la "revelación" que le hizo caer del caballo, aunque no habría estado de más que se la hubiese contado al Congreso sin necesidad de esperar tanto tiempo para hacerla pública en su libro de memorias)

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