lunes, 10 de octubre de 2011

Drones y escudos

Ha habido varias noticias recientes sobre "drones" (los aviones teledirigidos que utiliza el gobierno de los Estados Unidos para sus incursiones desde Somalia a Paquistán) que se habían estrellado. Una posible explicación: un virus (el reportaje original está aquí; lo anterior es la versión iraní).
Volvemos al síndrome del 11-S: un país que se creía invencible (aunque había sido vencido en el Vietnam, pero mejor lo dejamos porque los fautores de la paz recibieron el correspondiente Nobel) es atacado con las armas que menos podía imaginar. Y el verdadero efecto del ataque es precisamente la sorpresa por el medio utilizado para el ataque. Algo parecido ahora con los "drones" que también recuerda las películas de marcianos atacando a la Tierra que terminan aniquilados por los microbios o, ya cerca del 12 de octubre, recuerda aquel inmenso intercambio de microbios de fue la ocupación de América (viruela por sífilis, por ejemplo). Los omnipotentes y seguros "drones" que, como he contado, permitían que el atacante guardase una distancia total con sus víctimas, caen víctimas de un hacker (supongo que se acabará sabiendo de qué país lleva el pasaporte y, en su caso, quién le ha pagado para tal tarea... o caerá una capa de silencio sobre el asunto).
Como para sentirse satisfecho de la decisión del presidente español (por lo visto, únicamente suya, aunque, en un gesto democrático, había avisado al líder del principal partido de la oposición y futuro presidente) de aceptar la instalación de un "escudo antimisiles" en Rota (Cádiz), pariente de aquella "guerra de las galaxias" que llamó el senador Kennedy a la ocurrencia del presidente Reagan, hipersofisticada e informatizada (por cierto, que primero se presentó como una "defensa del territorio estadounidense" y, ante las reticencias de los aliados, se dijo que se trataba de la habitual "defensa de Occidente"). 
Insatisfecho, primero, por el coste político que le ha acarreado. Segundo, porque ese coste es inútil desde el punto de vista defensivo (hay formas más interesantes y baratas de atacar a un país). Y, si no es inútil, no habría sido mala cosa explicar de quién se defiende a quién. De submarinos, claro. Porque, de momento, que yo sepa, los misiles iraníes no pueden llegar a la Península Ibérica. Pero submarinos ¿de quién? Si atacan a la Península y el escudo no funciona, podrían los españolitos preguntarse lo mismo que se preguntaron los estadounidenses el 11-S: ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué nos odian? De la respuesta, ahora futurible, dependería la justificación de tal decisión. Aunque igual es todo más sencillo: el que manda, manda. Y, como está loco, manda locuras para responder a las locuras de otros que responden a las locuras de estos que respondían a las locuras de los otros y así sucesivamente. 
Sublimemente tontos. O asquerosamente interesados en apoyar a la industria armamentista. Porque sería más barato y beneficioso para todos el ocuparse más en resolver las causas de la posible violencia que en armarla, dotarla de armas. Sabemos que la paz ahorra dinero. Y también sabemos que si yo tengo un escudo y tú no lo tienes, mi escudo me proporciona seguridad de que podré atacar cuando quiera ya que no habrá respuesta posible y, por tanto, es un arma ofensiva, no defensiva.
Drones y escudos, misma estupidez humana. Tanto da que uno sea oficialmente ofensivo y el otro oficialmente (falsamente) defensivo.

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