lunes, 26 de septiembre de 2011

Todavía hay clases en las ciencias

Es curiosa esa tendencia tan humana de ordenar a los paisanos de menos a más, jerarquizándolos. Supongo que tiene que ver con algún atavismo animal aunque hay quien supone, tal vez con razón, que esa tendencia competitiva que lleva a las escalas jerárquicas tiene un origen cultural, en el sistema en el que vivimos, y no en la biología, que llevaría más a la colaboración y a la ayuda mutua.
Cuento con frecuencia cómo llevaron la cosa Darwin y Kropotkin. Vuelvo a ello. Darwin publicó en 1859 El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida, libro que fue rechazado y ridiculizado por los conservadores de la época y fue ensalzado por los que encontraron en él resonancias de lo que estaban propugnando: la lucha por la existencia y la supervivencia del más apto, todo ello como forma de una selección natural. Si fuese Marx, encontraría en los que lo ensalzaron a aquella burguesía revolucionaria de la que habla el Manifiesto de 1848 y que supo triunfar contra las fuerzas de la reacción oscurantista, nostálgica del viejo régimen feudal.
La traducción al "darwinismo social" no se hizo esperar y las clases superiores serían las preferidas en la lucha por la vida. Mediante la selección natural originada en la competencia y la competitividad, los más aptos quedaría arriba y los menos aptos, abajo. Así sería la vida.
Kropotkin lo leyó y le pareció bien la parte biológica, aunque incompleta. Eso sí, le pareció mal su traducción a la vida social. Así que escribió La ayuda mutua factor de evolución discutiendo la universalidad de la selección natural: hay lucha por la existencia, sí, pero si no hubiese colaboración y solidaridad, la evolución sería imposible.
Darwin lo leyó e hizo lo propio. En algún sitio he publicado las citas a Darwin en La Ayuda Mutua y las citas a Kropotkin en El Origen del Hombre. Es decir, que ambos reconocieron lo que se podía asumir de la teoría del otro aunque difiriesen notablemente en su traducción a la política. Efectivamente, no se trataba de "ciencia pura" sino que su traducción política e ideológica era, en un caso más que en otro, pero sí en ambos, perceptible.
Toda esta larga y pedante racionalización (mecanismo de defensa) viene a cuento por dos comentarios que me llegaron de manera casi simultánea. Por un lado, el de un arquitecto que se mostraba desdeñoso con su alcaldesa por ser una "simple socióloga" mientras ensalzaba al ex-presidente de su Diputación por ser ¡arquitecto!. Las profesiones superiores tendrían más derechos que las profesiones inferiores para regir los destinos de las instituciones. Por mi parte, ignoro cómo evaluar a una y otro, pero sí sé que en la "lucha por la existencia", en este caso "por la permanencia en el cargo", ha ganado la alcaldesa enfrentada al ex-presidente aunque ambos en el mismo partido (ya se sabe: enemigos, grandes enemigos, enemigos acérrimos y compañeros de partido). La selección natural habría llevado a una por un lado y al otro por otro, con gran asombro del arquitecto observador de la jugada y que no podía comprender cómo no había sobrevivido el más apto. Es su forma de ver las cosas la que me interesa en este caso.
Por otro lado, encontré un un blog dedicado normalmente a cuestiones políticas un comentario sobre la cuestión de los neutrinos y la teoría de la relatividad. Su autor lo traía a cuento para hacer ver la diferencia entre el comportamiento de los científicos y los de otros ciudadanos (por ejemplo, los religiosos). Referencias obligadas a Kuhn y sus revoluciones científicas y a Feyerabend y su "contra el método". Lo que me interesó fue un comentario de un "científico duro" (supongo que lo es como supongo que es argentino, visto su vocabulario) quitándole autoridad para hablar de esos temas. Primero, por no citar a Bunge (argentino) y a Popper. Pero, sobre todo, por no estar "adecuadamente formado" para hablar de esos temas al no haber tenido formación en "ciencias duras". No le "parece correcto que extiendan doctorados sobre el “lenguaje de la ciencia” o epistemología a personas que no practicaron al menos una ciencia dura en su vida". Que es como decir que para hablar de tauromaquia hay que ser cornudo o, por lo menos, torero. También aquí es la forma de ver las cosas la que me interesa: hay ciencias superiores (las "duras") y hay ciencias inferiores ("blandas", supongo) y no está bien que las inferiores se fijen en las superiores, sobre todo cuando, en la lucha por la existencia, son estas las que han ganado al ser las más aptas en la lucha por la vida. O la subvención. O la ayuda a la investigación (Ya puestos, no es lo mismo "lenguaje de la ciencia" que "epistemología", pero es perdonable la ignorancia).
Mi pregunta es: ¿qué diría Kropotkin ante estos pareceres? Se puede extremar la distancia entre "Las dos culturas", pero eso no nos lleva a nada bueno. Los casos concretos son irrelevantes. Es el fuero, no el huevo.

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