lunes, 19 de septiembre de 2011

Qué hacer

Escucho y leo diagnósticos que me parecen certeros sobre el estado de la política y de la economía que pueden aplicarse a varios países centrales, esos en los que sus respectivos gobiernos, sean de derechas o izquierdas, van a ser (o han sido) castigados por el voto popular y esos en los que los economistas difieren en las soluciones y, como ya he comentado, los políticos muestran incapacidad para afrontar los problemas cuya solución desconocen o dan palos de ciego de la manera más incoherente posible.
Hasta ahí, nada nuevo. Pero lo que constato cada vez más es la presencia de los "habría que" o, mejor, "exigimos". Quiero decir que escucho y leo propuestas de lo que habría que hacer o de lo que se creen legitimados para exigir de los poderes públicos. Es el síndrome de "los abajo firmantes" o, en mi experiencia personal, de aquel vecino que cuando decía "habría que" quería decir que los demás tenían que hacer lo que él (o ella) no pensaba hacer bajo ninguna hipótesis.
Tampoco nada nuevo. Porque no escucho ni leo elaboraciones sobre el cómo pasar del diagnóstico a  lo que se desea con el  "habría qué". Nada sobre qué hacer para pasar de los sombríos diagnósticos a la toma de decisiones que altere significativamente dichos diagnósticos. Y nada sobre el sujeto de tal acción: quién tendría/podría/querría hacerlo. El "exigimos" suele ser escuchado por "los de arriba" con el mismo interés con que se escucharía un enérgico "No a los terremotos" o, por seguir el vocabulario, un "Exigimos la inmediata abrogación de los terremotos en nuestro país y, ya puestos, en todo el mundo". Y, a lo más, hay gatopardismo moderado: si queremos que todo siga como está, hay que hacer algún pequeño cambio (como unos centavitos en los impuestos de los hiper-ricos).
Sin embargo, el cambio, históricamente, se ha producido. No siempre por los "abajo firmantes", "exigimos" y "habría que", pero se ha producido. Tal vez con independencia de las voluntades de los que se quedaban (como yo) atrapados en el diagnóstico y de los que se deleitan elaborando "otros mundos posibles" pero sin decir cómo hacerlos probables. Y tal vez muchas veces a peor, no siempre a mejor como pretendía la ideología del progreso o del desarrollo. Incluso se ha producido contra la voluntad de los que tiraban en una dirección de mantenerlo, cambiarlo y, modestamente, gestionarlo.
El descontento con los políticos es tal, que ya hay gente que no ve posibilidad alguna de gestionar el cambio, no quieren mantener el status quo y no saben cómo cambiarlo. En un caso así, todo es posible.
Es posible que en las sociedades en vías de subdesarrollo (las europeas y la estadounidense) esto se vea con más claridad. Pero no diría yo que esto no se aplique a las sociedades en vías de desarrollo como las latinoamericanas. Desgraciadamente, no puedo decir cómo está la cosa en Asia y África. 

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