martes, 20 de septiembre de 2011

Ironías de los nombres

Se le llamó Camp Victory, campamento de la victoria. Construido para 40.000 soldados, con su planta de embotellamiento de agua, su burger king y con todo lo necesario para durar generaciones y albergar a mucha más gente ("contractors", "intelligence", "undercover"). Eran los primeros tiempos de la ocupación de Irak y esta ciudad estadounidense en terreno iraquí estaba acompañada de otras 500 instalaciones militares de diferente tamaño. Se está desmantelando y quedando como una ciudad fantasma. Hay quien propone llamarla Camp Defeat, campamento de la derrota, cosa exagerada pero no por ello menos sintomática.
Coincide el anterior reportaje con los párrafos escogidos de un libro sobre la Armada Invencible, aquella operación militar con la que el rey Austria de las Españas y de otros territorios pretendía destronar a la Reina Tudor anglicana y poner en su lugar a un católico. Una especie de "nation building" y "regime change" avant la lettre, pero sin "choque de civilizaciones" entre musulmanes y cristianos y con un éxito parecido al del presidente de los Estados Unidos y sus amigos aunque oficialmente se van de Irak pero realmente se quedan.
La Historia no se repite. Ni en comedia ni en tragedia. Pero se puede aprender de los episodios que "resuenan" por sus similitudes a pesar de sus muchas diferencias. Se puede comparar un huevo y una castaña: por el peso, sin ir más lejos. Aquí se pueden comparar dos maneras de dejar un imperio en cuyos dominios "no se ponía el sol" y dos hechos que lo simbolizan. Aunque la verdadera "tumba de imperios" ha sido Afganistán desde Alejandro Magno.

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