martes, 13 de septiembre de 2011

Impuestos para los ricos

Fueron los mismos ricos los que empezaron con la moda. En concreto, como ya comenté, fue Warren Buffet, en los Estados Unidos, el que levantó la voz contra la barbaridad que suponía que sus impuestos fueran, en proporción, menores que los de todos sus subalternos y, como él decía, sin trucos: únicamente aplicando las leyes fiscales aprobadas por los parlamentarios estadounidenses. Hubo voces discordantes (los Koch, por ejemplo), pero también hubo ecos en Francia.
El caso es que el gatopardiano "se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi", hay que cambiarlo todo para que nada cambie, se convirtió en eslogan de los ricos que, por egoísmo ilustrado, pensaron que para que mantener su situación, había que dar soguilla y retirarse del excesivo privilegio que los políticos les habían concedido.
Y los gobiernos comenzaron a cambiar sus propuestas fiscales. De entrada, se olvidaron de la tarifa plana, que ahora se ve como una aberración por parte de muchos, pero que fue el consejo más "progre" que algunos profesores de economía españoles supieron dar a Zapatero cuyos conocimientos de economía no parecen ser excesivos y a quien "un par de tardes" no han sido suficientes para ponerlo al día.
No ha sido tampoco este camino un camino de rosas. Como digo, la propuesta de Buffett ha tenido rechazos dentro de su clase social. Pero también ha habido retrocesos en Italia: Berlusconi dijo que sí (y eso que él está entre los más ricos), pero ha aplicado el "donde dije 'digo', digo 'Diego'".
Ahora es el presidente Obama el que lo propone para financiar así su plan de creación de empleo. Bien es verdad que va a compañado de medidas para que las ayudas sanitarias de Medicare para los ancianos pobres no se apliquen hasta estos alcancen los 67 años.
Escuchando las tertulias radiofónicas españolas de anoche (desde las de derechas hasta las muy de derechas) la opinión estaba dividida: entre los chapucillas que no sabían cómo hacerlo (por ejemplo, cómo meterle mano a las SICAV, que es donde está el dinero de los ricos y es opaco para el fisco) y los chapucillas que no querían hacerlo con argumentos muy variados y más vociferantes que los de los anteriores. Me sonaban estos a la lista de Albert Hirschman en su Retórica de la reacción conservadora: no se puede, sería peor que su contrario, no sirve para nada y demás. Al fin y al cabo, el que podría ser ministro de economía en el gobierno del Partido Popular ha sido un encendido defensor, en sede parlamentaria, de la fantasmagórica "curva de Laffer" (= la mejor manera de aumentar la recaudación fiscal es bajar los impuestos -de los ricos, añado-). Pero algo parecido dijeron en su momento los socialistas. 
Total, que, de momento, estamos en el terreno de la retórica electoral. Nada garantiza que el futuro vaya en una dirección o en otra. Lo que sí está claro es que la reforma constitucional para conseguir algo de rigor presupuestario es inútil (se puede conseguir sin necesidad de hacerla) y es chapucera (se podría haber hecho bien y no con agostidad). Pero montar el pollo con un referéndum sobre la misma, cuando no se hizo en la anterior reforma constitucional, sólo indica que estamos en pre-campaña electoral y que los gestos ante la galería son más importantes que las propuestas concretas (escuchar a los líderes de Izquierda Unida a este respecto abre las carnes con eso de "habría que haberse hecho" sin decir qué habría que hacer). Porque, caso de producirse el referéndum, podría salir el apoyo a la reforma, con lo cual habríamos recorrido el camino más largo para llegar al punto de partida, o podría salir el rechazo a la reforma, con lo que los gobiernos podrían aplicar las mismas políticas de rigor presupuestario sin necesidad de recurrir a la Constitución. Porque la cuestión es cómo se financia un déficit como el presente, cuando, como dije, el conjunto de las deudas (públicas, empresariales y familiares) llegan a triplicar el PIB español. Que los ricos paguen es una posibilidad, pero no soluciona el problema.

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