lunes, 19 de septiembre de 2011

Fantasía pesimista

No soy un especialista en nada. Pero no por eso sé más que los expertos que tampoco saben mucho sobre lo que está pasando, aunque lo ocultan bajo palabras que sólo ellos entienden, si es que las entienden. Pero puedo imaginarme una situación como la siguiente:
Grecia se declara en suspensión de pagos. Está claro que, si tienes deudas y pides créditos para pagarlas, el resultado, si no tienes un crecimiento espectacular, es que tendrás más deudas: las antiguas y las que has contraído para pagarlas. Y peor si eso se convierte en un cadena interminable que sólo se mantiene porque los bancos necesitan tenerte como deudor... y no como fallido. 
El problema, en el caso de la dicha suspensión, lo tienen algunos bancos que tendrán que pasar al pasivo (al Debe) lo que hasta ahora estaba en el activo (el Haber). Parece (cosas de la contabilidad entendida como una de las Bellas Artes) que los bancos consideran las deudas que tienen con ellos como algo que sí tienen, a no ser que el deudor diga "no voy a poder pagar nunca", en cuyo caso tienen que dar por perdida la esperanza de recuperar la deuda y se convierte en una pérdida irreparable.
Bien, pues una suspensión de pagos como esa se puede llevar por delante a algunos bancos, igualmente en quiebra. No a todos, claro. Pero el banco en quiebra puede pedir dinero prestado (como hacen los gobiernos). ¿A dónde? A otros bancos (interbancario se llama ese dinero). Y, si eso les va mal, pueden pedir que un gobierno les eche una manita y les inyecte "liquidez", es decir, les permita capear el temporal.
En las actuales circunstancias, el préstamo interbancario es problemático (ya lo fue cuando, con lo de Lehman Brothers, subieron a la palestra los "productos tóxicos" que habían comprado algunos Bancos, es decir, habían comprado préstamos que no se podían pagar y se habían concedido con hipotecas irrecuperables -subprime-). Y los gobiernos no están para muchas alegrías ya que temen sus propios problemas con la deuda soberana o deuda pública, es decir, con las deudas que los gobiernos han adquirido o porque han sido manirrotos o porque ha corrido en auxilio de los bancos intoxicados.
Así que hay varios bancos que se declaran en quiebra y dejan a los impositores con una mano delante y otra detrás (por lo general, los gestores de dichos bancos y cajas de ahorros se irán de rositas y con sustanciosas jubilaciones cobradas desde paraísos fiscales "offshore").
Mientras, en el caso europeo, este dominó de quiebras bancarias que siguen a la suspensión de pagos griega (y de algún país más, puestos a fantasear), hace que la existencia del euro se pone en mayor discusión, con gran alegría de la Reserva Federal que prefiere ser la única moneda de referencia y detesta los avances que el euro había hecho en la composición de reservas de divisas y mercados financieros. Y, sí, el euro salta en pedazos como medio desesperado de "sálvese quien pueda"... que así no se salva.
Salirse del euro, para un país con deudas (públicas y privadas), permite imprimir moneda a gusto para pagarlas... con el consabido efecto inflacionario que hace todavía más difícil pagar las deudas contraídas en otra moneda o en el euro mismo. Quedarse en el euro supone asumir todas las desventajas del mismo (imposibilidad de política monetaria) y no tener las ventajas que tuvo cuando era una moneda fuerte (una moneda con huidas y bajas no es una moneda digna de respeto). Entre guatemala y guatepeor.
Uno de los factores que llevaron a ruptura de la antigua Yugoslavia fue la deuda contraída de manera irresponsable por las diferentes repúblicas federadas y que el gobierno central no supo gestionar. Tradúzcase a la Unión Europea y, si se está de humor, a los Estados que la forman y que tienen problemas sub-estatales (Escocia, Flandes-Walonia, Padania, Cataluña, Córcega).
Por supuesto que todo esto no impide que haya gente que se esté enriqueciendo (y a la que deseo que lo disfrute con salud) o, por lo menos, que existan oportunidades para los emprendedores (finaciados, subvencionados o por libre, ahora que ya no se dice "menos Estado, más mercado", sino "cuanto más Estado, mejor" pero a favor de "los de arriba"). Pero la mayoría de las respectivas poblaciones van a sentirse indignadas y saldrán a a la calle a demostrarlo cada vez con más fuerza. No se trata de manifestaciones para conseguir algo sino manifestaciones para expresar el descontento que, compartido, crece.
Mucho desorden. Y demanda de ley y orden, de cirujanos de hierro y de gobiernos fuertes y resolutivos. Umberto Bossi, mientras proclama su deseo de un referéndum de autodeterminación para la secesión de su Padania, critica al gobierno central por fascista. Exagera. Pero todo se andará, según esta distopía.

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