viernes, 12 de agosto de 2011

V, U, L, W, raíz cuadrada otra vez

Si no están de acuerdo con el diagnóstico, menos lo estarán con el pronóstico y, por tanto, todavía estarán en mayor desacuerdo sobre el tratamiento de estas turbulencias financieras que podrían pasar a económicas y, de ahí, a sociales y políticas.
Las letras del título se refieren a un artículo que se publicó en Foreign Policy en noviembre de 2010 y que ya comenté en su día. Teníamos entonces la posibilidad de una crisis en V (caída para remontar de inmediato, muy optimista como se ha visto), una crisis en U (con una cierta estabilización de la etapa depresiva), una crisis en L (caída para quedarse allí, que no se ha visto con tanta claridad) y una crisis en W (con ligera recuperación para volver a caer y ¿remontar?). Esto último es lo más probable. La comparación entre lo de estos días y lo de 2008 que hace el New York Times es sugestiva, pero no pasa de ser una descripción -con muy pocas variables- de lo aparente, que no es necesariamente lo que realmente está sucediendo. Vaya diagnóstico: el enfermo tose. Pero tose tanto un bronquítico crónico, como un enfermo con cáncer de pulmón o con fibrosis intersticial. Y si no sabemos distinguir entre síntomas y diagnóstico, difícilmente hablaremos de terapias.
No tengo ni idea sobre el tratamiento. El post de 10 de agosto en el blog de Juan Torres López sí tiene ideas, pero me declaro todavía más incompetente. A pesar de eso, el pronóstico que se publicó en 2009 en el Financial Times me parece el más acertado una vez superada la turbulencia en W: como un signo de raíz cuadrada, es decir, caída (ya la hemos visto), una cierta estabilidad en la depresión y recuperación sin lograr los niveles antiguos. La razón es obvia: no se trata de una crisis económica únicamente (como he repetido hasta el aburrimiento) sino que se encabalga con crisis energéticas, alimentarias y ambientales que impiden regresar a las viejas alegrías.
Todo eso bajo la hipótesis fantasiosa de que se supiera exactamente qué está sucediendo (un mínimo de acuerdos en los diagnósticos que, como digo, no se da) y se tuviera un mínimo consenso sobre el ¿qué hacer? (que tampoco se tiene excepto, en España, donde hay quien tiene la fantástica idea de que adelantar un mes las elecciones puede conseguir un cambio en la economía mundial). Y lo que ya excede los límites de la fantasía es suponer que los que tienen que solucionar el problema van a dedicarse a ello y no a otros asuntos como garantizarse la elección o hacer caja.

No hay comentarios:

Publicar un comentario