domingo, 21 de agosto de 2011

Pobres que no están flacos

Estos días abundan las fotos terribles de niños somalíes azotados por la hambruna. 
En muchas culturas, estar flaco es signo de pobreza. De hecho, en la perahera de Kandy (Sri Lanka), cuando se saca en procesión un diente de Budha, el que la preside (responsable del diente y de organizar la procesión) puede llevar refajos para hacerle parecer gordo, signo de poder y autoridad. Bueno, supongo que seguirán haciéndolo después de tantos años que asistí.
Por eso es igualmente tremendo este gráfico que una fundación estadounidense publica:

La definición no es muy buena, así que voy a tener que describirlo. Las barras rojas se refieren a niños pobres y las verdes a niños no-pobres y están divididas en tres grupos: la de los niños de 2 a 5, la de los niños de 6 a 11 y los adolescentes de 12 a 17. Dentro de cada grupo, diferencian los problemas de sobrepeso y de obesidad. En todos los casos, los niños pobres presentan mayores porcentajes de sobrepeso y obesidad que los niños ricos. Particularmente claro es el caso de los niños de 2 a 5 años, en los que la diferencia entre ricos y pobres es mayor en el campo del sobrepeso y el caso de los adolescentes de 12 a 17 años, en los que la diferencia entre ricos y pobres es mayor en el campo de la obesidad. 
Puedo entender las causas: dieta y estilo de vida. Por un lado, es más barato ingerir comida-basura que una dieta equilibrada y, por otro, es más barato pasar horas ante el televisor que ir a clases de karate. En algunos casos, no dudo que puedan intervenir factores genéticos: grupos humanos que han tenido durante siglos un determinado estilo de vida y una determinada dieta (por ejemplo, negros en las plantaciones de algodón) han trasmitido a sus hijos un equipamiento genético que se dispara cuando aparece el sedentarismo y la hamburguesa con patatas fritas y bebida azucarada.

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