jueves, 18 de agosto de 2011

O hacemos sacrificios o nos vamos al garete

Así se titulaba en portada, en su edición impresa y hace unos días, una entrevista a una política que podría llegar a ser la Lady Thatcher española si no fuese porque no necesita del título nobiliario porque ya lo tiene. La entrevista iba por otros derroteros, pero me quedo con el titular de la portada (ni siquiera es el titular o la entradilla de la entrevista que se encontraba en página 28 -aunque en la portada se enviaba, erróneamente, a la página "[20]"-). Y es porque, aunque no se esperaría nada de eso en una entrevista periodística de verano, me fascina su falta de concreción: sacrificios y garete tendrían que definirse y no dejarse en tamaña vaguedad.
¿Qué sería "irse al garete"? El texto no lo dice, aunque hay referencias marginales a los cinco millones de parados. Pero eso no es irse al garete sino estar en el garete.

Es obvio que irse al garete no significa
- que se dejen de importar coches de gama alta y caviar beluga
- que los ricos paguen impuestos como si esto fuese Suecia
- que se reduzcan drásticamente los bonuses y sobresueldos de ejecutivos de banca y grandes empresas "salvadas con dinero público"
- que se supriman los fastos y fiestas de puro consumo ostensivo y no productivo.
En cambio, irse al garete sería
- que la mitad de la población estuviese en el desempleo y la otra mitad en la economía sumergida. Así estaría todo el mundo descontento porque los empresarios encantados de la economía sumergida tendrían que ver qué se hacía con los desempleados aunque bien podrían estar como "ejército de reserva" para abaratar los empleos "en negro".
- que crezca de manera exponencial la fuga de capitales ya existente
- que la mitad de los bancos quebrasen y no se pudiesen pagar los planes de pensiones ni se pudiese dar ya ningún crédito, si siquiera a los miembros de sus respectivos consejos de dirección y administración.
- que todas las instancias del Estado, desde el gobierno central al último ayuntamiento, se declarasen en suspensión de pagos a funcionarios y proveedores.
- que no hubiese dinero ni crédito para importar energía (petróleo, gas, electricidad) y nos quedásemos a dos velas.
- que todas las ciudades tuviesen su Tottenham, la policía no diese abasto y el ejército tuviese que tomar las riendas de la situación.
Claro que, en cualquiera de estas últimas hipótesis estarían justificados los sacrificios que también son mucho más obvios que las formas de irse  al garete.

Pero, de nuevo, es obvio que los sacrificios no incluirían:
- reducir los salarios de todos los cargos públicos en un 20 por ciento,  y en un 30 por ciento aquellos que sean superiores a 10 veces el salario medio, sobre todo si son en pequeños municipios. No pasaría nada con el consumo medio nacional.
- reducir a la mitad los asesores, guardaespaldas y chóferes y dedicar ese gasto de personal a inversión pública por pequeña que sea.
- suprimir prebendas en el terreno del trasporte (viajes en primera, taxis gratuitos) a los cargos públicos.
- prohibir aumentos de sueldo en ejecutivos que han hundido empresas que después han sido salvadas con dinero público
- impedir de manera tajante la financiación de partidos políticos a través de los ingresos de sus respectivos cargos públicos.
- acabar con la corrupción
En cambio los sacrificios sí podría incluir: 
- recortar los gastos en educación aunque eso sea pan para hoy y hambre para mañana
- privatizar la educación aunque eso sea aumentar la desigualdad y aunque la desigualdad sea nefasta para el crecimiento
- recortar los gastos en sanidad (equipamientos, personal y farmacia); en su defecto, privatizar el sector.
- recortar los llamados "gastos sociales" (pensiones, ayudas, dependencia); tendencialmente, suprimirlos y privatizarlos, dejándolos en manos de las ONG como sucede en algunos países llamados "subdesarrollados".
- recortar los gastos en equipamientos, recogida de basura, saneamiento, trasportes y, en general, en bienestar público y servicios públicos
- aumentar los gastos en policía y defensa (más o menos en la línea de lo que propone el Tea Party de los Estados Unidos) y, por tanto, no aumentar los impuestos (horribile auditu) pero sí las tasas.
Esto es algo más concreto pero, en general, el irse al garete aparece como justificación etérea para unos más que concretos sacrificios. Lady Thatcher parece dispuesta a llevar a cabo los que Mariano, su antecesor en el cargo, deje sin lograr cuando se retire en 2015 en condiciones parecidas a las que se podría retirar Obama en 2012 y se ha retirado Zapatero en 2011: apartado por su propio partido.

1 comentario:

  1. Me lo he llevado a mi blog, con tu permiso. Pongo la fuente y lo enlazo también. Gracias.

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