domingo, 7 de agosto de 2011

Lengua del imperio

Cuando era niño, se veía con un cierto desprecio que el que hablaba castellano introdujese una "espardenyá", un giro valenciano ajeno al castellano. Se mostraba así que la lengua superior era el castellano y la inferior el valenciano, fruto de una pasada imposición acentuada bajo el franquismo y que iba paralela a la aceptación de las élites locales de su castellanización.
Me he encontrado, con el paso del tiempo, con las reacciones tienen que los que hablan correcto castellano en el Ecuador cuando escuchan expresiones como "darás trayendo" (que es un quechuismo que aparece en el habla popular) algo parecido a lo que sucedía en Bolivia con expresiones como "regalarime" (que es un todavía más evidente quechuismo) o "sabe doler". 
El castellano se sobrepuso al kichua/qheshwa, pero "el de abajo" a veces se "venga" en el habla popular recordando qué está siendo reprimido. Pero también el quechua de los incas se había sobrepuesto a las hablas previas de los territorios que invadieron y ocuparon sometiendo a tributo. De hecho, el kichua de las clases que he tenido este verano en Otavalo tiene muchos elementos que lo diferencian del quechua que aprendí en su día en el valle de Cochabamba y que utilicé en mi tesis doctoral en Tiraque. Las diferencias se pueden atribuir a lo relativamente reciente que fue la imposición del quechua, pero también a los diferentes substratos lingüísticos que los conquistadores cuzqueños encontraron entre los cañaris del hoy Ecuador y los que habitaban el hoy valle de Cochabamba (a la que llamaron Qhochapampa, llano de la laguna, pero seguro que tenía un nombre anterior que no era precisamente Oropesa). Sin duda que también ha tenido que intervenir el mayor o menor grado de cuidado con que se ha querido conservar la lengua "de abajo", ahora ya bajo los nuevos conquistadores europeos.
Cosas que pasan con las lenguas de los diferentes imperios y que me han venido a  la cabeza al ver el menú del restaurante extremeño en el que he comido para celebrar las Fiestas Patrias bolivianas. El menú venía en castellano y en inglés, aunque es obvio que la traducción la hizo alguien que no sabe absolutamente nada de inglés. Doy algunos ejemplos, todos ellos auténticos y verídicos:
Almejas de carril - Clamps of rail
Rueda de ahumados - It rotates of smoky
Perdiz roja de tiro - Red perdiz of shot
Fuente bacalao dorado - Source golden cod
Rodaballo plancha - Turbot he/she irons
y, para mí la mejor:
Rape a la marinera - Shave to seafaring one 
Esta es la parte anecdótica. La parte que encaja con lo dicho sobre castellano, valenciano, quechua, cañari como casos en los que el imperio inca (que no peruano) o el de los Austria (después, España) aparece con su política lingüística es otra: la parte menos anecdótica es el creciente número de términos en inglés que aparecen en las primera páginas de los periódicos en francés y en italiano a los que echo un vistazo cada día. No hay novedad en los italianos que, desde que los leía en los 60, siempre han tenido debilidad por los términos en inglés incluso en el vocabulario cotidiano. Lo  que me resulta nuevo es que también suceda con los periódicos en francés, en un país que, en su momento, quiso defenderse a capa y espada (tiempos del ministro Jack Lang) de la invasión del inglés. 
Si la China llegase a ser potencia hegemónica, ¿pasaría algo parecido con el mandarín o puton hua? No lo creo. Pero esa es otra historia.

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