miércoles, 31 de agosto de 2011

Agosto económico

La actualidad económica mundial, en este mes que acaba, ha venido, como si fuese el dios Jano, con una doble cara: una, la más aparente y sobre la que se ha incidido en la mayoría de los comentarios que he podido leer; otra, como si fuese “la otra cara de la Luna”, menos visible, aunque también ha sido objeto de artículos y reportajes. Sin embargo, como también sucede con las caras de una moneda, una no puede existir sin la otra. Vayan algunos casos.
Primera cara: la crisis europea de la deuda. Ha generado notable volatilidad y la verdad es que las cifras son claras: el Producto Mundial ronda los 70 billones de dólares y sólo la deuda pública mundial alcanza los 36 billones, a la que hay que añadir todas las demás deudas (familiares, empresariales). La proporción para Europa no la conozco, pero los casos que se conocen son innegables. Así que Europa (y el mundo) vive por encima de sus posibilidades, razón por la que habrá que apretarse el cinturón, que es lo que sucede cuando uno está endeudado y no puede ingresar más: que tiene que gastar menos para poder pagar la deuda.
La otra cara: la crisis europea, realmente, es de los Bancos. Fácil de entender: si debes un millón, estás perdido; pero si debes un billón, el que está perdido es el Banco. La deuda no es a entes abstractos sino a bancos concretos. El problema no es que no se pueda pagar, sino que los Bancos no puedan cobrar, razón por la que harán todo lo posible para conseguir compromisos de pago y decisiones que, de cara al futuro, garanticen el cobro. Si para eso tienen que apretar las clavijas en plan mafioso, pues se hace.
Segunda cara: los Estados Unidos se pueden endeudar más, pero tienen que reducir sus gastos. La deuda pública de los Estados Unidos es de 14 billones de dólares, más o menos lo que es su Producto Interno Bruto. Con independencia de que a esa deuda hay que añadir las otras (familiares, empresariales), los Estados Unidos, como casi todo el mundo, cae en el feo vicio de afrontar su deuda endeudándose todavía más, pero, a diferencia por ejemplo de Italia (con una deuda que es el 120% de su PIB), tiene que pedir permiso al Parlamento para aumentar esa deuda. Este verano, el mundo (es un decir) contuvo la respiración porque si el Congreso no le daba permiso a Obama, su gobierno tenía que declararse en suspensión de pagos, con el consiguiente aumento de la inestabilidad económica mundial.
La otra cara: era una farsa, según dicen algunos, ya que lo que se quería era justificar los recortes que se iban a introducir a lo bestia. Farsa o no, sí daba la impresión de que había politiquería por parte del Tea Party y, en general, del Partido Republicano que acaricia la posibilidad de ganar las presidenciales de 2012 y practica un vociferante “cuanto peor, mejor”. Y no ha funcionado: la distancia en intención de voto entre ambos partidos se ha reducido y el apoyo al Tea Party anda con problemas.
Tercera cara: Standard&Poor’s degrada a los Estados Unidos que pierde su AAA en una sacudida histórica. De nuevo, la inestabilidad y, de nuevo, los intentos, por parte de la China, de salvar sus bonos y, de paso, lograr que el dólar deje de tener el papel que tiene en el comercio internacional (en particular en el del petróleo) y en la composición de las reservas de divisas mundiales. Pero, de momento, se volvió a contener la respiración durante un eterno fin de semana esperando a ver qué sucedía el lunes, viendo que la Bolsa de Israel, en domingo (cierran en sábado), había caído un 7 por ciento.
La otra cara: las aguas se calman y se habla muy poco de quiénes se han forrado con la movida, a saber, de los que tuvieron información privilegiada sobre la decisión de la agencia calificadora. Pudieron jugar a corto apostando por la bajada, comprar después a precios bajos y recuperar la apuesta. Todo un ejercicio de “economía de mercado” financiero-especulativa.
Quedan más caras: las de la prohibición, por parte de las autoridades reguladoras, de algunas (¡algunas!) ventas a corto, inductoras de inestabilidad de puro especulativas. Pero prohibición sólo temporal, de modo que la “economía de mercado” especulativa vuelva a funcionar como antes de la crisis aunque destruya y mate o exija una reforma constitucional como la que se nos viene encima. Mucha cara.
 (Publicado hoy en el diario Información -Alicante- con el título "Las dos caras de Jano")

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