sábado, 30 de julio de 2011

La guerra de Afganistán

El próximo 7 de octubre se cumplirán 10 años de aquella guerra de venganza que inició Estados Unidos contra no se sabe bien qué, aunque ellos decían que Al Qaeda ya que Al Qaeda se suponía que había llevado a cabo el acto por el que se estaba practicando la venganza (ya se sabe que somos "nosotros" los que tenemos derecho a vengarnos: los "otros", no, que son unos salvajes fanáticos).
A pocos días del evento, una noticia y una encuesta al respecto:
La noticia, del Washington Post, es que Al Qaeda se encuentra al borde del colapso gracias a la muerte (asesinato) de Ben Laden y al uso (y abuso) de "drones" (aviones teledirigidos) contra el territorio de... Pakistán. Si uno se lee el artículo (no hace falta hacerlo con detalles) se encuentra dos cosas: una, que uno no es el único en sospechar aviesas intenciones en dicha noticia; y, dos, que Afganistán aparece como Pilatos en el Credo cristiano. No es lo que ahora importa. O, por lo menos, importa menos que Pakistán o Yemen.
La encuesta (de GlobeScan) se refiere, en cambio, al hecho evidente de que algo habrá que hacer con Afganistán (hacia donde parten 200 soldados adicionales del ejército español -no necesariamente españoles- que se unen al contingente allí ya desplegado "bajo mando de la OTAN", es decir, de los Estados Unidos que dicen que se van). En la encuesta se preguntaba ¿qué hacer? y las opciones era "irse, no más", "más de lo mismo" y "negociar con / permitir el acceso al gobierno por parte de / los talibán". Para el conjunto de los 24 países encuestados, la opción que más respuestas suscitaba era esta última (40 por ciento), seguida por la de abandonar el país (29) y, finalmente, por la de los que preferirían que se siguiese (16 por ciento). 
Por países, estas eran las respuestas:

No hay muchas sorpresas. En los Estados Unidos predomina la respuesta en el sentido de continuar con el esfuerzo hasta derrotar militarmente a los talibán (si es que tal cosa fuese posible, añado). Alemania y Pakistán dan los mayores porcentajes en la línea de irse de allí ya. Y en las Filipinas y en  el Brasil  se opina mayoritariamente a favor de la negociación unida a la opción de dar entrada a los talibán en el gobierno (no me parece una buena agrupación de respuestas -son demasiado diferentes entre sí-, pero ya se sabe cómo son estos sociólogos metidos a periodistas o viceversa).
A estas alturas parece que el argumento fundamental para estar allí es que se está allí.
El miércoles pasado, un comentarista (anónimo, por supuesto) al artículo que publiqué en el diario Información y que reproduje aquí, decía que con los terroristas no había que negociar nunca (y aprovechaba, ya que el Pisuerga pasa por Valladolid, para pedir la dimisión del presidente socialista y el futuro candidato a la presidencia por dicho partido). Cualquiera de las partes puede pensar lo mismo, pero también cada una de ellas puede pensar que la rendición de la otra está a la vuelta de la esquina (que no parece probable). Así que lo que queda es continuar con las cosas tal y como están. Con lo fácil que sería para todos precisamente lo que el comentarista niega de plano... Pero la opinión es la opinión.

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