viernes, 29 de julio de 2011

Comunidad imaginada

Del "groupthink" de ayer he pasado a "Les veus de les places", una colección muy reciente de artículos cortos escritos por participantes en las acampadas de la Plaza de Cataluña en cualquiera de sus tres versiones (Islandia, Tahrir, Palestina). Muy interesante. Y muy recomendable para los que no hayan tenido contacto con el tema y quieran tener información de primera mano sobre qué quieren y por qué lo quieren.
Hay un punto que recorre prácticamente todas las intervenciones, pero me temo que se trate de mi deformación profesional que me hace encontrar lo que no buscaba. Veamos.
Un viejo sociólogo distinguía dos formas de asociación humana: la comunidad y la sociedad (si perteneciese al gremio de sociólogos pedantones, pondría las dos palabras en alemán aunque sea la lengua en la que he fracasado un par de veces y no he logrado incorporármela). La comunidad se basa en relaciones primarias, directas, afectivas mientras que la sociedad se basa en el contrato, el intercambio más o menos interesado, son relaciones más distantes que las de la comunidad. Esa es una. La otra idea, de otro sociólogo, en este caso francés, es la que apunta al hecho de la progresiva "anomía" en las sociedades modernaas (anomía, del griego, significa "ausencia de normas", aunque el francés parece que se refería más a la "ausencia de normas compartidas"). Por fin, otro colega, noruego en este caso, ha introducido (con poco éxito, todo hay que decirlo) la palabra "atomía", la ausencia de relaciones estables entre los "átomos" sociales, es decir, los individuos aislados.
Pues bien. Para muchas personas, la situación de "atomía", de soledad, había sido acrecentada por la "anomía" que produjo una prédica constante del principio "todo vale" y "cada uno a la suya", prédica que se llevaba a cabo a través del ejemplo de "los de arriba". A lo más que daba la situación era a formar parte de asociaciones.
Y, de repente, la indignación. No voy a entrar otra vez a motivos y alternativas. Pero sí me ha impresionado la constante en los textos leídos desde la mayor simpatía posible: hemos descubierto la comunidad, hemos superado la anomía y ya no hay atomía. El riesgo de "groupthink" es real, pero las funciones que cumple la inmersión en la masa  son también evidentes. 
He estado en un par de manifestaciones en toda mi vida y estaba más como observador que como participante. Y sólo una vez he estado en un "fondo sur" de un estadio de fútbol coreando insultos al árbitro y al equipo visitante. Por lo general, como decía un ex-amigo, soy un contemplativo: contemplo.
De todos modos, la comunidad imaginada del 15M es un elemento más para entender el movimiento. No la única, pero no despreciable.

2 comentarios:

  1. Además de comunidad imaginada, ¿no crees que hay algo de real o, al menos, de intento de crearla?

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  2. Sí, claro. "Comunidad imaginada" es el título de un clásico, de Benedict Anderson, sobre las naciones. Es imaginada porque es construida, pero no se puede construir sin ninguna base real. Existen, como los dioses, en las mentes de los creyentes, pero con mucha más base que los dioses (deos fecit timor: el temor construyó a los dioses). Volviendo al tema: las dos cosas. Hay una base real (la indignación) y hay un intento de crear comunidad para superarla (volveré al tema a los tres meses del 15M). Lo que sigue sin haber es una relación creíble entre diagnóstico y fines a alcanzar (medios-fines, vamos).

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