domingo, 19 de junio de 2011

Ideologìa y museos

Creo que era Malraux, pero no estoy seguro, el que afirmaba que detrás de todo museo hay una ideología. Lo he visto en este mi Quito entre ayer y anteayer.
El primer caso es el obvio: se trata del museo del Alabado. Magníficas piezas arqueológicas, muy bien presentadas y en un local muy apropiado. Cierto que en cada pieza falta información (Decir "Huancavilca" no es mucho) y cierto que la agrupación de piezas es peculiar. Y tan peculiar. La amable guía nos explica que el museo está organizado según la cosmovisión indígena: el mundo de abajo, el mundo de en medio y el mundo de arriba. En el mundo que puedo conocer (este) pasan como gato sobre brasas sobre la cuestión de las diferencias sociales y las invasiones mutuas (sobre todo la inca, asunto que, ante vasos claramente tales, pasan como de puntillas)  y exaltan hasta el extremo la figura del shamán (conozco un tal al que le desagrada ser llamado tal). ¿Dónde está la ideología? Pues en unificar culturas, espacios y tiempos en una supuesta cosmovisión indígena, en más de un caso imaginada, si no inventada. Tal vez sea la ley del péndulo: que de haber despreciado a los indígenas se pase a exaltar una cultura única que, evidentemente, no puede ser única aunque no sea más que por sus diferencias lingüísticas.
Es otro es también un gran museo: el del Banco Central. Le falta algo de luz y los itinerarios no siempre están claros, pero distingue claramente épocas y espacios (Huancavilca no es Yasuní) y da información de cada pieza (poniendo en duda, por cierto, que algunos "shamanes" sean tales y no simples transportistas de hoja de coca). La ideología, aquí, es la nacionalista: tomamos las fronteras actuales del Estado nacional y las proyectamos hacia atrás, con todos los problemas empíricos que tal cosa produce sobre todo cuando se trata de fronteras que han cambiado a lo largo del tiempo. Hay una mayor honestidad con respecto a los incas y, por ejemplo, y aunque sea de pasada, se reconocen los desplazamientos forzosos de poblaciones bajo el incanato (los mitimaes). Eso sí, se supone que toda esa parte (oro incluido que me temo es para "los de arriba" y no "para los de abajo") es esplendorosa y que "de repente se hizo la noche en la mitad del día", es decir, llegaron los españoles y arramblaron con todo lo que había antes. No se puede negar que la labor "civilizadora" tuvo sus más y sus menos. Más bien sus menos, visto desde el punto de vista de los indígenas. Pero, como en Roma, "quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini", lo que no hicieron los bárbaros españoles, lo hicieron los españoles criollos, empeorando notablemente la condición de los indígenas que quedaban. La idea de patrimonio es muy reciente (años) y explica la sobre-reacción de el Alabado.
Más sobrio resulta el museo de la ciudad, en un viejo hospital. También hay ideología pero hay que trabajar más para enocntrarla y la verdad es que no me quedó tan claro como en los dos casos anteriores, que no impide mi consejo de visitar los tres.

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