miércoles, 1 de junio de 2011

Estado de derecho

Mala cosa es que algunas preguntas sobre la legalidad (y sobre la legitimidad) de determinadas actuaciones de un gobierno, sea de los Estados Unidos o de las Españas, se consideren, de hecho, irrelevantes ya que lo que cuenta es su eficacia.
Es lo que pensaría una empresa bananera a la hora de financiar a guerrilleros de otro país contra toda legalidad del propio país de origen donde los tales guerrilleros ahora son llamados terroristas. Business is business.
Claro que desdeñar el pragmatismo y "ser realistas y pedir lo imposible" no es la alternativa. Pero entre el pragmatismo cínico y la retórica de las cartas a los reyes magos hay puntos intermedios. Se llaman Estado de Derecho. Y si ese se viene abajo, significa que vienen malos tiempos para la lírica.
Y ya se riza el rizo cuando los gobiernos hacen leyes "ad hoc" (para impedir que una determinada opción política se presente a las urnas como en la "ley de partidos" española o la "ley de víctimas del terrorismo" o para impedir que se persiga judicialmente al primer ministro como en Italia). El Estado de Derecho se supone que tiene como constitutivo la universalidad: los burgueses que hicieron la Revolución Francesa querían exactamente eso, a saber, que no hubiese leyes "ad hoc" ni, mucho menos, unas leyes para aristócratas y otras para plebeyos, unas para banqueros y otras para adversarios políticos.

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