miércoles, 8 de junio de 2011

Contra la corrupción

Hay una corriente, cuando de corrupción se trata, que la reduce a una variante de la "prensa del corazón". Que si Fulano recibió tal cosa, que si dijo por teléfono tal otra (con derecho de réplica y teléfono de aludidos), que si le contó  Mengano no se sabe bien qué, y cosas por el estilo. Ningún interés.
Otra corriente consiste en airear los casos de los contrarios y callar los propios. Casi por definición, el infierno (los corruptos) son los otros. Ningún interés si, encima, lo que hay es un infantil "y tú más" que sólo consigue que el ciudadano crea que todos son iguales.
La corriente que me interesaria es la de los que no sólo se preocupan de descrubrir los casos y castigar a los culpables (que, sí, me parece muy bien) sino que, sobre todo, procuran sentar las bases para que no se vuelvan a producir. No veo muchos ejemplos de esto, más allá de las retóricas e incumplidas manifestaciones en pro de un código de conducta y transparencia.
La razón para que lo que me interese sean los pasos para evitarla la daba Robert B. Zoellick, presidente del Banco Mundial (13 de abril de 2011):  "La corrupción les roba a los pobres, mina la competencia justa, distorsiona la asignación de recursos, destruye la confianza del público y socava el estado de derecho”. 
Tanto me da que los corruptos sean rojos y/o azules. Lo que me importa es que la corrupción se hace con mi dinero y contra mi bienestar.

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