martes, 10 de mayo de 2011

Turismo de "sol y playas"

Tengo hacia dicho turismo las mismas reticencias que tuve ante la inversión pública por parte de Comunidades Autónomas españolas en parques temáticos. Claro que había sesudos informes que explicaban lo beneficioso que iba a ser el respectivo parque temático para su zona de influencia (lo fue, a corto plazo, para el sector inmobiliario y para los que, con información privilegiada, supieron de su localización antes que otros). Pero en dichos informes faltaba un pequeño detalle: que se estaban construyendo varios parques temáticos a la vez que iban a alterar la oferta y que, por tanto, estaban equivocados los cálculos hechos como si sólo existiese el parque en cuestión. Y en esas estamos.
La apuesta por el turismo de "sol y playas" tiene ese elemento en común: que no tiene en cuenta que la oferta está aumentando en el mundo, que ahora hay por todas partes (Japón, Nigeria, China, Sudáfrica, Tailandia, Chipre, hasta Mónaco) inversiones para generar más turismo, como panacea universal. De estas inversiones no se excluyen inversiones españolas en el extranjero basadas en su profundo "know-how", inversiones que van en contra de los intereses españoles y que, al debilitar la ocupación en España provocarán que se pida más dinero a los gobiernos que promueven el "sol y playas".
Apostar por dicho turismo ha tenido los mismos efectos inmediatos (algo más extendidos en el tiempo, por supuesto) que los parques temáticos, pero, a medio plazo, es fuente de inestabilidad dada su extrema vulnerabilidad a cuestiones climáticas, monetarias o de seguridad y la facilidad con que productos más baratos y mejores pueden destrozar ciudades enteras convirtiéndolas en ciudades  venidas a menos (Atlantic City). La única ventaja para las "costas" españolas es el previsible encarecimiento del trasporte que acompañará al progresivo encarecimiento de la energía. Es decir: vendrán franceses y poco más. De nuevo, Atlantic City.
Porque el "turismo de desastres" para ver Gaza o Cisjordania o el "safari político" para ver a los zapatistas en su salsa (ya que no pueden hacer la revolución en casa, la van a ver fuera), parece que cae fuera de las posibilidades del país. Sí se puede, en cambio, beneficiarse coyunturalmente (como ha sucedido esta vacaciones de primavera) de la inseguridad en el Norte de África. Pero es, como digo, coyuntural.

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