miércoles, 4 de mayo de 2011

No es nada personal

Cuando oigo la frase citada, no puedo evitar pensar en comportamientos mafiosos. Bien es cierto que la he usado una vez en mi vida para comenzar a explicar una decisión que sigo considerando justa, pero el peso de “El Padrino”, creo que en la primera película de la saga sobre la mafia estadounidense de origen siciliano, me hace recordarla.
Noam Chomsky ha comparado la actitud de los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos en el campo de las relaciones internacionales con el comportamiento mafioso. Como explica Chomsky, el mafioso quiere obediencia y algunas de sus violencias son para conseguirla y, en concreto, para enviar un mensaje a los posibles desobedientes: “si desobedeces, te ataco”. Es como el mafioso de “Chicago años 20” que ofrece “protección” a un tendero y, si este la rechaza, atacará al tendero no sólo para que este entienda que debe obedecer sino, sobre todo, para que otros sepan que no es buena cosa desobedecer al mafioso. No es nada personal.
Por eso me extraña la frase de “amigo; extravagante, pero amigo” referida a Gadafi. Porque esas no son las reglas. No tiene que ser nada personal, sino que lo que cuenta es cuándo eres obediente, porque serás premiado, y cuándo no lo eres, porque serás castigado. Lo que hagas con tu gente servirá para ser olvidado en el primer caso y para ser anunciado a los cuatro vientos en el segundo. Mientras obedezcas serás un aliado y cuando no obedezcas te convertirás en un déspota. Pero es la relación entre el mafioso y el tendero lo que cuenta, no lo que hace el tendero cuando sisa en sus ventas.
El mafioso, sea en las relaciones internacionales o en las sociales o personales inmediatas, practica con entusiasmo lo que, desde fuera, se puede llamar “doble moral”: juzga de diversa manera los comportamientos de los obedientes y el de los desobedientes aunque el comportamiento sea el mismo. Lógico: lo que cuenta es la obediencia, no el comportamiento. Y el mafioso que va trepando en la jerarquía “familiar” hace lo mismo: va ganando obedientes con los medios a su alcance. Claro que algunos son benevolentes, como la familiaridad, la fidelidad o la amistad. Pero, si hace falta, el mafioso tiene que hacer saber que es capaz de castigar, vengarse o sencillamente amenazar. Y lo hace pensando no sólo en el “castigado” sino como aviso para navegantes. No es nada personal.
Claro que no es nada personal. Lo que hay son intereses y esos intereses son los que determinan el comportamiento del mafioso, no la aplicación de las normas sean internas o internacionales. Al obediente de Arabia Saudita (y prescindo ahora de quién es el obediente, si Arabia Saudita o Estados Unidos) se le permite que invada Bahréin. La invasión es para defender un régimen que le conviene y porque allí hay una importante base militar estadounidense. Al Irak de Sadam Husein no se le permitió que invadiera Kuwait aunque pudiera aducir que estaba recuperando la “sagrada unidad de la patria” rota por las potencias coloniales. Dicha anexión o recuperación habría significado un exceso de poder para Sadam al controlar reservas de petróleo muy importantes y, encima, se hacía contra la voluntad explícita del mafioso expresada por su embajadora ante Irak. Así que se produjo la I Guerra del Golfo (ahora estamos todavía en la interminable II Guerra del Golfo).
Como comentaba la otra semana, se discute si los Estados Unidos van a seguir siendo la potencia hegemónica. Soy de los que piensan que hay para mucho rato: las decadencias de anteriores mafiosos como monarcas (los Austria) o como países (Inglaterra) no se produjeron de un día para otro. Pero es que, además, la potencia militar de los Estados Unidos es, comparativamente, muy superior a la de la monarquía que organizó la Armada Invencible.
Aun así, siempre es interesante ver qué mafiosillo está intentado sustituir al actual Padrino y qué métodos está utilizando para hacerlo. Lo intentó Rusia y fracasó en la Guerra Fría. Lo intentó el Japón y ha fracasado en el enfrentamiento comercial. Ahora lo intenta la China comprando voluntades, sin violencia, con dinero, inversión, rescate de deuda soberana, “ayuda al desarrollo” y hasta con “política medioambiental” (sic!). Está por ver si lo consigue, cosa que, en todo caso, no se producirá de un día para otro aunque es obvio que trabaja en ello.
Y es que, por lo visto, ser el Padrino tiene muchas ventajas que justifican todo tipo de comportamientos y arbitrariedades. No es nada personal.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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