viernes, 6 de mayo de 2011

Lenguas, sonidos y recuerdos

Parece muy probable que el lenguaje humano se haya originado en África. No sólo la especie (que se supone por análisis genéticos), sino también el lenguaje. El argumento, tomado de la revista Science, es curioso: cuantos más sonidos tiene una lengua, más antigua podría ser. Así, el inglés tiene 44 sonidos y hay lenguas en África (!Xoo, pero con un ~ encima de la última O) con 150. Desde ese punto de vista, el castellano es un recién llegado.
Lo tengo medio olvidado, falto de uso. Pero en el quechua cochabambino que hablé en su tiempo, hay bastantes más sonidos que en el castellano. Cierto que tiene menos vocales (tres para ser exactos, a, i y u, confundiendo la i con la e y la u con la o, de modo que Teófilo se confierte en Tiujilu - porque tampoco tienen la f y les cuestan las esdrújulas como a los franceses les cuestan las palabras que no sean agudas).
Donde se "especializa" ese quechua (lo que digo no se aplica al kichwa ecuatoriano) es en las t, que tiene tres (t, t' y th en la grafía que yo aprendí, aunque sé que hay diferentes formas de escribir) de forma que se pueden decir "tatan thanta t'antata tantan" (su padre reúne pan viejo). Peor son las k, que tiene seis: k, k', kh, q, q' y qh, convirtiéndose en pesadilla para el chapetón que queriendo decir "vamos a jugar a arrancar cebolla" (un juego infantil local) dice, en lugar de "siwulla sik'i pujllasunchej", dice "siwulla siki pujllasunchej" que significa "vamos a jugar a culo de cebolla" o que dice "aqata tomasunchej" (tomemos mierda) cuando lo que quiere decir es "aqhata tomasunchej" (tomemos chicha, muy rica por cierto y más si está hecha con el método tradicional de masticar y escupir el maíz).
Es una lengua, además de endiablada en la pronunciación y la sintaxis para un chapetón, increíblemente precisa como su pariente el aymara. Serviría mucho mejor como lengua-puente entre traducciones que muchas otras y, ciertamente, mejor que las romances, tan ambiguas ellas.
Como curiosidad, este último, el aymara, tiene un pronombre más: naya, jiwasa, juma, jupa, es decir, yo, tú y yo, tú, él. El quechua también más pronombres pero en el plural: noqanchej y noqayky (mantengo los giros q'ochalas, cochabambinos; en estándar cuzqueño -al fin y al cabo, el quechua es una lengua tan imperial como lo fue el castellano- la n inicial sería ñ y, si no recuerdo mal, la terminación sería -chik, como en la variante ecuatoriana (recuérdese el "ñucanchic huasipungo" con que termina la novela de Icaza; otra cosa es que esa frase signifique en kichwa lo que el autor quiere decir). Noqanchej es nosotros, pero un nosotros que incluye al que escucha. Noqanchej somos usted y yo, querido lector, querida lectora. Noqayku, en cambio, es un nosotros que le excluye: somos nosotros los que hemos estado estas semanas en Malcocinado, Badajoz, en tierra de conquistadores, cerca de Santa Cruz de la Sierra, Cuenca, Santa Marta, Mérida, Trujillo.
La nostalgia ya no es lo que era.

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