sábado, 21 de mayo de 2011

Efectos inesperados

Cuando veo "analistas" atribuyendo a determinados políticos la capacidad de mover a su antojo los acontecimientos, se me abren las carnes porque no sé si es mala fe o mala idea. Lo recibí anteayer. Se trataba del enésimo intento de echar sobre Rubalcaba la culpabilidad del 11M. Por lo visto, habría tenido la capacidad de prever todas las reacciones, incluida la estupidez del PP, y habría tenido todas las variables bajo control aunque, prosigue la que creo intoxicación, nunca pensó que la tragedia fuese tan grande. Con esos antecedentes, no me extraña que ahora echen sobre Rubalcaba la "maniobra" del 15M (para el extranjero poco avezado en la jerga española, 11M fue el atentado en Atocha en plena campaña electoral de 2004 y 15M es la revuelta de los indignados, la "Spanish revolution", producida en plena campaña electoral actualmente en curso). Qué supo quién y cuándo lo supo, es siempre la batería de preguntas que hay que hacerse, como se hizo con el 11S: ¿lo sabía Bush?. O, en su día, lo de Pearl Harbor: ¿Lo sabía el Roosvelt de 1941? Ya he dicho que, si existe Dios, no es ninguno de los recién citados.
Sin embargo, el título de este post se refiere a otra cosa: revueltas en Túnez y Egipto, aplastamiento violento de manifestantes en Bahréin y Siria, guerra civil en Libia, empantanamiento en Yemen, políticas dignas de la más estricta bonocracia latinoamericana pero en Arabia Saudita, ligeros atisbos de apertura política en Marruecos, forman parte de lo que se ha llamado la "primavera árabe" que, obviamente, no incluye a Irán, pues no son árabes. Los efectos están por ver incluso en Túnez y Egipto, pero, de momento, hay dos novedades dignas de mención. Una, de difícil relación con la "primavera", pero no imposible, visto el ligero cambio de gobierno producido en Egipto, y es el acercamiento entre Hamás y Al Fatah, enemigos hasta llegar a las armas hace no mucho y ahora dispuestos a luchar por el pueblo palestino al que sus luchas mutuas no permitían atender. La otra sí parece un efecto de la "primavera": Obama reconoce que las fronteras para un posible acuerdo entre el gobierno israelí y los representantes palestinos son las de 1967. 
The borders of Israel and Palestine should be based on the 1967 lines with mutually agreed swaps, so that secure and recognized borders are established for both states.
En su discurso (me lo envían de la Embajada -"la" Embajada- y está en español aquí), después de repasar la situación de los países afectados por la "primavera" y de lo que su gobierno va a hacer para cambiar de política de manera selectiva respecto a ellos, Obama propone lo que muchos han propuesto antes: reconocer las legítimas aspiraciones de las partes y trabajar para que no las imposibiliten gracias a aspiraciones ilegítimas.
No me lo esperaba. Aunque sí me podía esperar que quedaría en agua de borrajas gracias a Netanyahu (o, añadido el 23, que Obama rectificase presionado por AIPAC, el lobby más importante de Washington, israelí por supuesto) . Cuando me demuestren lo de Rubalcaba, diré lo mismo. Y cuando la revuelta del 15M se convierta en una revolución, también.

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