miércoles, 4 de mayo de 2011

Dinero de Israel a Palestina

Hay noticias que me dejan boquiabierto: el gobierno de Israel va a dejar de trasferir al gobierno de Cisjordania (Al Fatah) los impuestos palestinos que recogía y que ascienden entre impuestos aduaneros y otros en torno a los 8 millones de dólares. Lo que me asombra no es que amenace con no trasferirlos y que lo haga para presionar para que Al Fatah no consume su alianza con los otros palestinos, los de Hamás en Gaza, con los que ha estado enfrentado incluso violentamente. Eso lo entiendo. Hamás, esa especie de frankenstein creado por Israel y los Estados Unidos para debilidar a la OLP y a Arafat, hizo lo que tantos frankenstein han hecho en la historia reciente (Noriega, Bin Laden), a saber, volar con las propias alas y hacerlo sin respetar las órdenes de sus creadores, razón por la que, cuando ganaron limpiamente unas elecciones, sus creadores, democráticos ellos, no respetaron los resultados electorales, como ya habían hecho en Argelia con el FIS. Y comprendo que los enfrentamientos Al Fatah - Hamás hayan sido muy rentables para seguir con la política de expulsar a los palestinos de Palestina. También entiendo que el gobierno de Cisjordania proteste, con la boca más o menos pequeña.
Lo que me asombra es que esa transferencia de impuestos palestinos al gobierno palestino por parte del gobierno israelí haya sido la norma durante los últimos años. Dejarse encandilar por los enfrentamientos impide a veces darse cuenta de dónde están las alianzas. Como el hecho de que Venezuela sea el cuarto proveedor de los Estados Unidos.
El argumento usado por el gobierno israelí me resulta familiar: dicen que no quieren que ese dinero (¡que no es suyo!) sirva para financiar las actividades de su hoy enemigo Hamás. Es como decir que, en las Españas, la izquierda abertzale no debe estar en las instituciones pues recibiría el dinero que los demás partidos usan para sí. Y que tampoco es suyo. En Israel, hay voces sensatas que piden darle una oportunidad a Hamás. En España, no se dejan oír, aunque haberlas háylas, pero en los blogs.

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