jueves, 5 de mayo de 2011

BRICS: el tamaño no importa

En Sudáfrica se ha abierto un debate sobre su pertenencia al grupo de los BRIC (Brasil, Rusia, la India y la China) trasformándolo en BRICS. Un argumento a la contra ha sido que, si es por tamaño de su economía, Turquía y México estarían mejor cualificadas para pertenecer a dicho club. Pero el hecho es que Sudáfrica ha sido elegida (cooptada) para entrar a formar parte del mismo y así se ha mostrado en la reciente cumbre China.
Una vez dentro del club, y dando por supuesto que el mundo se está haciendo policéntrico y que no es impensable un mundo separado de la dependencia respecto al dólar (cosa que los BRIC ya tenían claro), en Sudáfrica la cuestión es ¿qué ganamos con la pertenencia?
La respuesta es: más que España al grupo de G-20, que, básicamente, es de hacerse la foto. Hay argumentos económicos (si ahí va a estar el peso de la economía mundial, mejor estar dentro que fuera) y geopolíticos (en tal caso, Sudáfrica se convierte en la potencia regional africana casi por necesidad, como Brasil lo está siendo en América Latina).
A estas alturas, los BRICS son una alternativa real y probable al predominio "occidental" (predominio quiere decir ser capaz de dictar las reglas de juego que más convengan a sus élites, no necesariamente a toda su población) y, posiblemente, también a la hegemonía estadounidense, cada vez más multipolar. Les falta concretar los tímidos pasos (no tan tímidos: parece que es para no asustar a nadie) que están dando para que la economía y la política reciban el toque militar. Rusia, la India y la China ya son potencias nucleares. Del Brasil y de Sudáfrica se han conocido avances nucleares importantes. 
Un mundo multicéntrico es un mundo más pacífico que un mundo con una única superpotencia o, como fue, con dos potencias enfrentadas en Guerra Fría. Y también, con los 8 polos que podría haber, más pacífico de lo que sería un mundo orwelliano con solo tres centros. Lástima que las armas nucleares estén de por medio. No hay nada perfecto.
James Petras lo plantea de otro modo y con su habitual coherencia teórico-ideológica:

Al analizar el capitalismo contemporáneo, la diferencia más llamativa reside en tres situaciones radicalmente distintas del sistema capitalista, que corresponden a los países que experimentan (a) altas tasas de crecimiento, (b) estancamiento y (c) una crisis profunda.
Los países capitalistas con tasas de crecimiento elevadas se dividen con claridad entre los que
 (a) viven del auge de las materias primas y son exportadores sobre todo de productos agrarios y recursos energéticos y mineros, situados en su mayoría en África y América Latina o 
(b) son exportadores de manufacturas, fundamentalmente en Asia (China, India y Corea del Sur).
 Las crisis económicas se pueden clasificar, a su vez, en tres grupos. 
(a) Las de las economías de recuperación rápida, entre las que se encuentran las de Alemania y los países nórdicos que, después de caer en picado hasta cifras de crecimiento negativo han aumentado las exportaciones industriales y crecen con rapidez desde 2010. 
(b) Las de las economías de recuperación lenta o estancadas, a las que pertenecen las de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia e Italia, que han tocado fondo, han recuperado los beneficios, sobre todo en el sector financiero, pero han hecho pocos o ningún progreso en la reducción del desempleo, el aumento de la producción de manufacturas y el crecimiento general. 
(c) Las crisis económicas prolongadas y profundas, como las de Portugal, España, Grecia, los países bálticos y los balcánicos, que están en quiebra, donde el desempleo ha alcanzado cifras de dos dígitos (entre el 15 y el 20 por ciento) y el crecimiento es negativo. Arrastran una carga de deuda muy fuerte y están implantando programas de austeridad estrictos concebidos para prolongar su depresión económica en los próximos años. 
Me pregunto dónde estarán Rusia, el Brasil y Sudáfrica.

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