miércoles, 18 de mayo de 2011

15-M

Ver las cosas desde la lejanía impide ver los detalles y puede llevar a cometer errores en la descripción y la apreciación. Sin embargo, el que ve las cosas desde fuera puede, en cambio, darse cuenta del significado real de un acontecimiento con más sentido que el que lo está viendo desde dentro (es la diferencia entre un callejero y un mapamundi). Fiel a ese principio, he buscado en la prensa extranjera algo que me arrojase luz sobre las manifestaciones iniciadas en España el 15 de mayo, seguidas por acampadas en Madrid (y después en otras ciudades) y desalojadas por la policía para dar paso a nuevas manifestaciones y acampadas (craso error, por cierto, de los responsables del "orden público" que han acabado fomentando el movimiento por aquello de la "acción-reacción"). No he encontrado prácticamente nada (no digo que no lo haya), así que tengo que fiarme de mis propias reglas.
1. De hecho, lo que he encontrado se refiere a lo primero que hay que preguntarse ante hechos como los que comento, a saber, en qué contexto se producen o, si se prefiere, cuál ha sido su caldo de cultivo. Parece bastante obvio, pero no siempre se recuerda al tratar el 15 M y lo resumo a partir de la agencia iraní de noticias o de la BBC, que viene a decir lo mismo: desempleo, en particular entre los jóvenes, y terapias de choque y políticas de ajuste impuestas desde fuera del país que tienen consecuencias muy duras para los sectores más vulnerables de la sociedad, es decir, que tienen efectos que no se reparten equitativamente entre sus ciudadanos. "Los de arriba" (incluyendo la clase política), no tienen los problemas que padecen "los de abajo". Lo de Internet, efectivamente, no hay por qué exagerarlo.
2. Lo segundo que hay que preguntarse es qué es lo que se observa. En nuestro caso, un movimiento muy heterogéneo al que no se le pueden adscribir con facilidad elementos comunes y sobre el que no es aconsejable proyectar las propias frustraciones para encontrar una buena interpretación. Tampoco parece de recibo el autoadjudicarse la representación del conjunto, emitiendo comunicados de prensa en nombre de todo el movimiento en los que se reconoce la heterogeneidad del conjunto y las decisiones espontáneas al margen de los que afirman representar al todo.
3. Después está la cuestión sobre las motivaciones de sus actores, qué es lo que les mueve a actuar. Porque ahí sí que se puede encontrar un elemento común entre los participantes y que, además, es común con otros actores sociales no involucrados en el movimiento: el descontento con la clase política. Como digo, ese descontento, como pude constatar ayer charlando con amigos muy alejados del 15M, está mucho más extendido y no se limita a jóvenes, estudiantes y desempleados sino que alcanza a maduros (y más que maduros), profesionales y relativamente acomodados como mis amigos de ayer. Algo ha debido de hacer mal la clase política o algo ha sido sistemáticamente presentado como malo por parte de los medios de comunicación para que el descontento esté tan presente y aparezca en las encuestas atribuyendo a "los políticos, los partidos" un papel importante en los problemas del país.
(Obsérvese, de paso, que lo dicho hasta ahora puede aplicarse, mutatis mutandis, al Norte de África. El artículo de la BBC citado más arriba compara ambos casos de manera explícita)
4. Viene, a continuación, preguntarse por los objetivos que se pretenden, ya no sólo por los sentimientos que se manifiestan. Como no se trata de una revolución programada ni siquiera de una rebelión, sino de una revuelta (una intifada, si se prefiere) o una movilización, los elementos expresivos del descontento pueden ser comunes mientras que los objetivos, no. Están, claro, los que se quedan en la expresividad, sin ningún tipo de instrumentalidad medios-fines. Parecen ser la mayoría. Están los que llevan esa expresión de la frustración a manifestar algún tipo de violencia (quema de un contenedor o ruptura de un escaparate, por ejemplo). Parecen ser la minoría. Y, finalmente, están los que, partiendo de "no les votes" vienen a decir: si eres de izquierda y estás unida, vota, pero no al PP ni al PSOE sino a... (y ahí no se dice nada porque al buen entendedor pocas palabras bastan).
Los puntos1 y 3 son muy importantes en mi opinión. Y de cómo se resuelva el 4 dependerá el rumbo que tome el movimiento del que se podrán desprender algunos de sus componentes o al que se podrán incorporar otros. Y ahí me podría detener. Pero hace falta añadir un elemento más para el análisis, que aquí es muy secundario pero que en otros casos se propone como el fundamental (y no lo es): el de la legitimación de los hechos.
5. La legitimación no debe confundirse ni con el contexto, ni con las motivaciones o los objetivos. Raramente es "la" causa y cuando se presenta como "la" causa (como hacen los islamófobos con el Islam y el terrorismo internacional que puede analizarse siguiendo esta lista) hay motivos para sospechar de segundas intenciones y hasta de mala fe. Pero las legitimaciones existen, aunque me resultan difíciles de encontrar en el caso presente más allá del "edadismo" (igual que hay "clasismo" para las diferencias de clase o "racismo" para las supuestas diferencias de raza o "sexismo" para las diferencias entre los sexos, hay "edadismo" para las diferencias de edad): jóvenes molestos por la mala opinión que de ellos tienen los de más edad y que legitiman su acción con lo de "el futuro es nuestro" o "vaya futuro que nos están dejando los mayores" o "no somos lo que ellos dicen que somos". Como al movimiento se han añadido personas no-jóvenes, creo que esas legitimaciones irán perdiendo peso, si es que son las que se pueden observar. La verdad es que no me llegan por los canales que suelo utilizar.
Pero ya digo que si el pasado hay que verlo recurriendo a 1 y 3, el futuro habrá que verlo haciendo las preguntas pertinentes respecto a 4. Si se queda en expresividad, pues "fuese y no hubo nada". Si se traduce en una espectacular abstención (cosa que no creo), los partidos políticos la fagocitarán mediante la mejor técnica que tienen para dicho comportamiento: ignorarlo. Siempre podrá darse un caso de "teorema de Thomas": si los actores definen una situación como real, ésta será real en sus consecuencias. Pero no se excluye, visto el peso de 1 y 3, que la cosa vaya por otros derroteros que también desconozco, así que me remito a la crónica que se ha hecho desde dentro, y muy bien hecha por cierto.
(Añadido al caer de la tarde: visto desde fuera, en este caso, Italia, no es que añada muchas sugerencias para entender lo que está sucediendo, aunque se subrayen las preguntas sobre los efectos electorales inmediatos -Italia ha tenido sus elecciones locales el pasado 16 con efectos importantes, aunque no los que querían los que han visto perder a Berlusconi: "si pierde, que se vaya", habían dicho [me suena, me suena]-)
(Y al día siguiente: un comentario desde fuera que creo vale la pena leer. Entre otras cosas, reconoce que los manifestantes no son paranoides cuando constatan el relativo silencio de los medios. Y digo relativo porque anoche en las tertulias no se hablaba de otra cosa. Bueno, sí, y de Strauss-Kahn)

3 comentarios:

  1. Muy interesante el análisis. Quería hacer un comentario que supongo que tiene que ver tanto con el contexto como con las motivaciones y que he podido observar en primera persona. No sólo hay descontentos con la clase política que parece ser que es en lo que los medios han puesto más énfasis (aparte de decir generalidades como que es por la crisis y de centrarse en la violencia), sino con el funcionamiento de una democracia en la que las decisiones no las toman los ciudadanos ni se toman a favor de ellos, con el asalto a los derechos sociales y al estado de bienestar. Así lo han expresado y de ahí el lema Democracia Real Ya. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros.
    A mí me da mucha alegría ver lo que está pasando. Como otros, lo entiendo como levantamiento democrático frente a tanto abuso; una muestra de que los ciudadanos no van a tragar con todo, y que los que toman las decisiones tendrán que tenerles en cuenta. Ojalá que de aquí salga un movimiento que pueda hacer frente a los ataques de los “de arriba” a los “de abajo” que aún están por venir, porque no ha habido resistencia ni oposición a los ataques que ya hemos sufrido. En mi opinión, estos levantamientos civilizan y humanizan a las sociedades. La indiferencia y el pasotismo tiene el efecto contrario. Ni mayo del 68, ni los movimientos de trabajadores, ni el movimiento de los derechos civiles, ni el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica, ni el movimiento anti-colonialista de Ghandi tuvieron éxito en todos los objetivos, pero sí que consiguieron triunfos fundamentales para la civilización de las sociedades frente a diversos modos de barbarie. Como mínimo transmiten un mensaje que hace pensar y trabajar a la conciencia frente a los mensajes infantiles e irrelevantes que escuchamos todos los días a los políticos y a los medios de comunicación (y a muchos más: expertos economistas, empresarios con muchos intereses, etc.)
    Ciertamente hay una gran heterogeneidad en el movimiento y no conviene simplificar ni reducir, pero constato que en esta amalgama hay manifestantes que se quejan de que los banqueros, financieros y grandes empresarios son los que mandan y toman las decisiones importantes en su propio interés dañando los derechos de los ciudadanos en lo que se refiere a la jubilación, al despido, a las posibilidades de empleo, a la calidad/precariedad del empleo, a la inversión pública, a los sueldos, a los impuestos, etc. En relación a esto, hay una gran indignación hacia los grandes partidos políticos por no servir a los ciudadanos y sí a los susodichos.
    Ha habido muchos tipos de mensajes en pancartas y gritos. Algunos son: Violencia es cobrar 600 Euros, lo llaman democracia y no lo es, si mandan los mercados no hay democracia, eliminar los paraísos fiscales, PPSOE la misma mierda es, no nos representáis, el pueblo unido jamás será vencido, cambio de la ley electoral ya, por una Europa laica, etc. y también referencias a Botín, a la banca, a Telefónica, Endesa, a las SICAV, al fraude fiscal, a las privatizaciones, a los sueldos de los políticos, empresarios y banqueros, a impuestos progresivos, a los sindicatos, a la situación/finaciación de la sanidad y de la educación, al medioambiente, a la corrupción, al hambre en el mundo, a los medios de comunicación, etc. Creo que hay razones de sobra para indignarse y salir a la calle a decir que ya está bien de tomarnos el pelo y de tomar decisiones contrarias a los intereses de la mayoría de la población. Aún está por ver si finalmente se realizan propuestas específicas. Difícil teniendo en cuenta tanta diversidad de opiniones y, a lo mejor, contraproducente.
    También es digno de mención el apoyo y las redes que los manifestantes españoles están estableciendo con otras personas y grupos en otros países, desde Islandia a Marruecos. Frente a la internacionalización/globalización de “los de arriba” es una muy buena noticia que también existan solidaridades internacionales entre “los de abajo”.
    Espero haber aportado algún dato de interés.
    Joan

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  2. A mí si que me lo has aportado. Gracias, Joan.

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  3. Quería incidir de nuevo en que no se puede reducir en unas palabras lo que piensan una multitud de personas con opiniones muy diversas. Pero lo de "los mercados" y los políticos son temas muy presentes, además del sufrimiento de los parados, precarios, etc. También hay mucho énfasis en los valores y la ética. Ayer ví también pancartas feministas. A medida que va creciendo el número de gente también crecen los puntos de vista y es difícil saber sus opiniones.
    La idea original era crear un movimiento unitario con bases muy generales y poco excluyentes, sin ideas muy fijas. Más que un movimiento, es un lugar en el que cada uno pueda llegar a expresar su descontento dejando las diferencias a un lado. Había que salir a la calle con unidad. Al contrario del modelo de los partidos y los movimientos de masas tradicionales, no hay lideres y se busca el anonimato. Es otro modelo que descoloca un tanto a los medios. No hay representantes o, más bien, todo el mundo puede ser representante. El problema está en la toma de decisiones (en asambleas multitudinarias poco funcionales) y, como has señalado, en la toma de decisiones de una parte como si fuese el todo.
    Efectivamente una cosa es los que convocaron la manifestación del domingo y otra la gente que hay ahora concentrada. Hay continuidad, pero no es lo mismo.
    Por último, además de estar indignados, están formados.
    Joan

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