sábado, 30 de abril de 2011

Potemkin

Parece que la política es un sector en el que el cambio puede ser muy rápido: por ejemplo, un golpe de Estado. La economía, en cambio, presenta ritmos algo más lentos: compras ya hechas, compromisos adquiridos, inercia de los consumidores y los productores hacen que, aunque pueda haber una "crash", lo normal es que las cosas cambien algo más lentamente que la política. Finalmente, la cultura, las mentalidades, cambian a ritmo mucho más pausado. Cambian, eso sí. No hay culturas eternas ni siquiera en la práctica de los nacionalistas o en las elucubraciones de los indigenistas andinos que hablan de sus ancestros y costumbres ancestrales (que, por lo general, no lo son tanto). 
Un ejemplo de la relativa estabilidad de las mentalidades lo acabo de encontrar a propósito de las "aldeas de Potemkin". El nombre de Potemkin no sólo tiene que ver con el famoso acorazado y la correspondiente película de Eisenstein (la única película, por cierto, en la que me dormí, de aburrido, y eso que dicen que es una cumbre en el séptimo arte). En realidad, el acorazado tomaba el nombre de un valido de la emperatriz Catalina. El tal prohombre tenía la costumbre de "embellecer" las apariencias de las aldeas por las que pasaba la zarina para que esta viese lo bien que vivían sus súbditos. 
El efecto Potemkin duró durante la época soviética. En la única visita que hice a la URSS (en tiempos de Gorbachov), me comentaron un caso más: los almacenes Gum, en la Plaza Roja, frente al Kremlin  y el mausoleo de Lenin, tenían excelentes y vistosos escaparates... y casi nada dentro.
Pues bien, Medvédev acaba de criticar que se siga practicando el tal efecto y que se limpie la cara de las localidades que  van a ser visitadas por los correspondientes líderes. Curioso ¿no? Curiosa versión de "Bienvenido, Mr. Marshal" que nada tiene que ver con "bienvenido, jeque -y jequesa- de Catar" a España. Por cierto, nadie se ha rasgado las vestiduras porque el tal jeque sea un polígamo público (la jequesa en cuestión es su "segunda" esposa, que en todo hay jerarquías). En  todo caso, supongo que la situación de las Cajas de Ahorro ha sido convenientemente embellecida y se han limpiado la cara a sus contabilidades. Pero, con cuatro esposas, seguro que el jeque se dará cuenta mejor que Catalina la Grande.

No hay comentarios:

Publicar un comentario