martes, 26 de abril de 2011

Neocolonialistas del mundo entero, uníos

Mi interés por reducir en algo mi profunda ignorancia sobre los países "emergentes" me ha llevado a este artículo escrito DESDE África y con la misma ironía, casi sarcasmo, que yo podría usar si me dejase llevar por mis "bajos instintos". Apabullante la descripción que hace el autor sobre las nuevas políticas colonialistas de "Occidente" (ahí no me acaban de gustar esas palabras tan generales), ONU (Organización de Neocolonialistas Unidos, no de Naciones Unidas) y la Corte Colonial Internacional (CCI, aunque supongo que se refiere a la Corte Penal Internacional, demasiado complicado para mí) y sus particulares racismos, sobre todo en el caso de la Corte Penal Internacional, siempre contra africanos y sólo contra africanos, y eso que, según dice ElBaradei, algunos gobernantes estadounidenses como Bush II (y sus acólitos,  europeos o no) podrían ser igualmente acusados ante la misma.
El truco neocolonialista de eso que el autor llama "Occidente" es sencillo: 
  1. se localiza la zona o país en el que "Occidente" tiene intereses importantes (económicos, políticos, energéticos)
  2. se buscan los conflictos latentes o no tan latentes en dicha sociedad
  3. se apoya descaradamente (se acepta la doble moral) a uno de los bandos con armas, expertos, asesores militares o incluso con intervención directa (como la francesa en Costa de Marfil, de cuyos efectos poco se sabe. Por ejemplo ¿dónde está el presidente que perdió y cuya renuncia se consiguió después que sus contrarios se desarmaran para las elecciones y se volviesen a armas después de las mismas? por cierto, el articulista no ha leído lo que yo he leído)
  4. se consiguen unos gobernantes que deban favores a "Occidente" de modo que los intereses del punto nº 1 puedan satisfacerse con más facilidad.
El autor hace diversas referencias, pero está centrado, sobre todo, en Costa de Marfil, aunque la aplicación a Libia también la ve evidente. Y su grito es "digamos no, si no queremos que después vayan a por nosotros". Por lo visto, instituciones ya tienen. Y armas, claro. Y, desde una perspectiva menos irónica, pasado colonial, que siempre ayuda.
Sin embargo, la cosa parece más complicada que el grito anticolonial: Los Estados Unidos (a través de gobierno, agencias, fundaciones, instituciones oficiales y paraoficiales), y ya no "Occidente", ha estado financiando a los gobiernos autocráticos del norte de África (el caso extremo es el de Egipto: miles de millones) al mismo tiempo que financiaba a los opositores; enviaba dinero a Tahrir mientras había una reunión en los Estados Unidos con los militares egipcios, algunos de los cuales se pasarían a la oposición. Encima, estos dobles juegos de la potencia hegemónica van acompañados por creciente desafección por parte de las élites y por creciente rechazo de sus políticas de cooptación de unos y otros. Esa política, como sucedió con la caída del Imperio británico cuando perdió el apoyo de sus caballos de Troya en las colonias, está fracasando y eso (o tal vez por) que ha usado mucho más de la potencia militar que su antecesor en la hegemonía mundial.
Las generalidades son muy sufridas: convenientemente torturadas, acaban confesando lo que su autor quiere que confiesen. Desgraciadamente, el mundo es algo más complicado si se quiere entender. Eso sí: si se quiere cambiar, hay que ir a simplificaciones. La teoría es sobre lo que las cosas son, la praxis sobre lo que deberían ser. Pero intentar saber lo que son no es inútil. Incluso puede tener su utilidad saber si, en el caso concreto, se está financiando a un grupo o a los dos o a más. Y lo que es todavía más útil es saber que, al no ser divinos, estos neocolonialistas no son omnipotentes, omniscientes y omnipresentes. En todo caso, más fácil es que los neocolonialistas se unan que los antineocolonialistas se pongan de acuerdo en algo: siempre tendrán exquisiteces ideológicas que les separen.

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