viernes, 8 de abril de 2011

Lo que pienso no es tan raro

Me llevé una muy agradable sorpresa en el taxi de Sevilla a Cádiz: el taxista. Tienen fama, en muchas ciudades, de extremadamente derechistas. Hay quien usa la palabra fascista para referirse a algunos de ellos. No era mi caso. 
Fuimos charlando (yo iba en el asiento delantero) durante la hora que duró el trayecto. Cierto que no todo fueron trascendencias: también comparamos la situación del Hércules, equipo de fútbol de Alicante, con el Cádiz, aunque no pudimos evitar referencias a sus mentores y a su historial reciente. Pero creo que hicimos un buen repaso de la actualidad: Japón, Libia, los partidos políticos españoles -y en Andalucía-, la crisis y sus antecedentes, la  burbuja especulativa, los que salen ganando con esta crisis, la situación de algunas cajas de ahorros, el papel de los Estados Unidos... pero también la educación de los hijos (hijas en su caso, hijos en el mío), la deseducación de los más jóvenes (no todos, claro).
Hubo un momento en que, para cuestiones de política internacional, me dijo: "bueno, usted de esto sabe más que yo". Y le contesté con toda sinceridad: "no. Sé igual que usted". Y de verdad que era verdad. Lo cual quiere decir dos cosas. Una, que con internet de por medio (él también usuario de la Red), no es imposible estar informado. Y, dos, que cuando se comparten enfoques sobre la realidad (pre-juicios, opciones previas al juicio), es fácil llegar a conclusiones parecidas si se tiene un mínimo de información.
Obvio: ni él quería convencerme de nada, ni yo a él. Íbamos recorriendo los temas compartiendo diagnósticos y reconociendo el mismo tipo de crítica. También él, como yo, se dejaba caer de vez en cuando por medios de desinformación en los que prima la opinión (e incluso la manipulación) por encima de la información, y ambos mostrábamos el mismo tipo de disgusto. Pero me produjo un cierto placer darme cuenta de que las cosas que yo pensaba y que me cuesta documentar, otro podía pensarlas sin que fuese trabajo. Como ciudadano del mundo viviendo en una determinada localidad.
No cambiamos el mundo ni lo pretendíamos, pero evidente que no perdimos el tiempo en la tonta tarea de discutir. Probablemente, de haber notado enfoques diferentes nos habríamos sumido en el más profundo de los silencios. Porque el enfoque es más importante que los datos y eso que mi amigo el taxista disponía de ellos.
El regreso a Sevilla desde Cádiz, con otro taxista, ha sido diferente: había puesto una determinada emisora en la que el locutor comenzó a lanzar negros augurios sobre lo mal que va a ir España por culpa de lo mal que lo está haciendo el gobierno. El taxista ha cortado y se ha ido a una emisora de música clásica después de decirme si quería seguir escuchando aquello a lo que le he dicho que no. Ha dicho que estaba harto de tanta crisis y tanta crisis. Con sueño los dos, nos hemos sumergido en una serie de piezas del barroco.

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