miércoles, 6 de abril de 2011

Inaugura que algo queda

La semana pasada terminaron las inauguraciones. Siempre ha sido así, pero este año parece que han sido especialmente abundantes. Lo que ya no sé es si tiene algún sentido. La razón es simple: no he encontrado ninguna prueba de que las inauguraciones influyan significativamente en el voto. Y que me corrijan los expertos si me equivoco, que doctores tiene la iglesia. Voy a intentar razonar mi escepticismo.
Tenemos, en primer lugar, los que van a votar a un partido haga lo que haga. No parece que sea gente que vaya a cambiar su voto si su partido inaugura cosas a no ser que crea que le están tomando el pelo. Pero ni por esas: No creo que haya hecho cambiar la intención de voto el que se inaugure un aeropuerto en el que no va a haber actividad de vuelos y se dé como razón que así los ciudadanos podrán pasear por las pistas, cosa que sería imposible si ya hubiese actividad aérea. Se trata de Castellón, claro. Pero tampoco es creíble que los que ya piensan votar a otro partido se dejen seducir por el corte de cinta ejecutado por otro partido diferente del propio.
Lo de partido propio se refiere a la actitud de los que ven la política como si fuese fútbol: aúpa mi equipo, “manque” pierda. Ya pueden inaugurar (fichar, ganar partidos) los contrarios, que el hincha seguirá en sus trece.
Pero, claro, en el caso que se nos echa encima hay dos características particulares. Una, el que se quiera presentar la elección local (municipal o autonómica) como primera vuelta de las generales de 2012. Si así se percibe, más a mi favor: las inauguraciones, aunque sean del gobierno central (en el caso del aeropuerto de Alicante, por ejemplo), no van a ser un argumento decisorio a la hora de votar para el ayuntamiento de Elche o de Alicante.
La segunda característica todavía podría tener algún peso. Se trata de que se lleva dando, desde hace tiempo, una desafección en capas importantes de los que han votado regularmente por el  PSOE que se manifiesta o en la intención de abstenerse o votar en blanco o en la de pasar su voto a otros partidos a su derecha o a su izquierda o a no se sabe bien dónde (que de todo hay entre el PP, IU y UPyD). Sin embargo, cuesta esfuerzo imaginar que la enésima inauguración de un tramo de carretera o la oportunista de un centro cultural por parte de un alcalde del PP sirva de argumento para que le vote quien está reduciendo su fidelidad al PSOE como también sería difícil de entender que esa inauguración por parte de un alcalde del PSOE sirva para retener a los que huyen de sus pasadas prácticas.
No creo ser tan raro. Sin embargo confieso que no pienso votar al mismo partido en las municipales y en las autonómicas, así que me convierto en un caso en el que la inauguración por parte del gobierno central, autonómico o municipal difícilmente me puede convencer.
Si los expertos no me corrigen y me demuestran que lo que llevo dicho, aunque sea de sentido común, no se corresponde con la realidad, resultaría que las inauguraciones pre-electorales son inútiles. Bueno, inútiles del todo no. De hecho, soy de los que piensa que tendría que haber elecciones cada seis meses en todos los ámbitos de la administración aunque las campañas tendrían que ser baratas y la financiación ilegal de las mismas duramente perseguida y reprimida. La razón de desear tantas elecciones es que tal iniciativa se convertiría en un factor de recuperación económica ya que produciría una avalancha de inauguraciones. Sin embargo, mi inveterado y casi genético pesimismo me lleva a dudar hasta de tal medida: los políticos, sabiendo que somos estúpidos, inaugurarían las mismas cosas una y otra vez, creyendo que no recordamos la vez anterior que ya inauguraron la cosa en cuestión. Y es una lástima: la obra pública es un instrumento clásico (desde el resucitado Keynes a nuestros días con el inevitable Krugman) para salir de crisis como la que padecemos.
Una vez más: no sé si el sentido común se corresponde con la realidad. Pero no debe de ser así cuando se ve cómo se pelean las distintas administraciones de diferentes partidos por “ponerse la medalla” de la inauguración y salir en la foto. Igual es que la campaña pre-electoral es un momento en el que el narcisismo de los políticos se les pone a cien.
(Publicado hoy en el diario Información - Alicante -)

1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo con tu apreciación sobre la inutilidad de las inauguraciones para captar el voto. Me imagino que una de las principales razones de tanta inauguración debe ser la necesidad de satisfacer el culto a la imagen que tienen los gobernantes, es el momento del que disponen para decirles a sus fieles seguidores: esto lo he hecho yo. Si la gente fuera a los plenos municipales se daría cuenta de qué va la cosa: las cosas las hago yo, que para eso soy el que manda, y lo que propones tú (la oposición) no vale porque si no tendría que reconocer que lo hemos hecho entre los dos. Al final, las inauguraciones forman parte de las campañas electorales y la norma dice que es el momento de descubrir la placa.

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