viernes, 15 de abril de 2011

Groupthink en el FMI

La evaluación independiente del "desempeño" del Fondo Monetario Internacional en los años inmediatamente anteriores a la crisis se puede leer en español aquí. Vale la pena darle un vistazo como yo he hecho, que ni loco me lo leería con detenimiento: no me fío. Se publicó en enero de 2011 y no dejaba demasiado bien a Rodrigo Rato y a su entorno.
No voy a defenderles. Ya se defienden ellos guardando un clamoroso silencio al respecto. Pero hay un punto que me interesa (y a él se refiere el capítulo V con más que evidente candor) y es el del "groupthink". Es una de las fuentes más habituales de error en nuestra apreciación de lo que nos rodea.
Es bastante obvio que no tenemos experiencia de todo y no somos expertos en todo. Sin embargo, todo está relacionado mientras que lo que sabemos es siempre parcial y desde perspectivas igualmente parciales. Es decir, que las probabilidades de que nos equivoquemos son muy altas. La inseguridad ante lo que no conocemos y ante lo que sabemos que no sabemos se compensa "anclando" nuestras creencias (porque son creencias, no resultado de observación empírica, muchas veces imposible) en un grupo, una teoría, una escuela o un departamento... o en los colegas del FMI. Es el "groupthink", las creencias (fe es creer en lo que no se ve) compartidas que, por compartidas, damos por ciertas.
Hace unos días, en un congreso, nos encontrábamos frente al mar un pequeño grupo de colegas y, a pesar de ello, amigos. Colegas porque estamos interesados en los mismos temas, pero había antropólogos, economistas y sociólogos. Todos confesaron que leían materiales de las otras disciplinas: sociólogos leyendo economía, economistas leyendo a antropólogos y hasta antropólogos leyendo a sociólogos (mirabile dictum). La razón quedó clara: nos interesa la realidad, no la disciplina, y somos conscientes de la ceguera que imponen las disciplinas, todas parciales por definición. Cierto que, como he dicho, no podemos conocerlo todo, pero sí podemos ser conscientes de los límites de nuestro conocimiento.
El problema con los economistas del FMI es que han hecho mucho daño en el mundo. Ya lo contó Stiglitz al referirse a esa extraña creencia  que han demostrado de conocer las "leyes" de la economía que rigen por igual en Benin y en Bolivia y en Birmania (perdón, Myanmar). Por eso hubiera sido de desear un capítulo V más eficiente y eficaz a la hora de evitar el "groupthink" inevitable pero, por lo menos, que debe intentarse reducir decentemente. 
Se les podría exigir un juramento hipocrático del tipo siguiente:
Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura.
En cualquier casa que entre, lo haré para bien de los enfermos, apartándome de toda injusticia voluntaria y de toda corrupción, y principalmente de toda relación vergonzosa con mujeres y muchachos, ya sean libres o esclavos.
 Lo del abortivo se puede suprimir, lo de medicamento mortal se puede sustituir por "terapia de choque", lo de "apartarse de toda injusticia voluntaria" puede sustituirse por "no imponer injustas condicionalidades", lo de "para el bien de los enfermos" puede decir, al contrario, que "en cualquier país que visite, no lo haré para el bien de mis financiadores sino para el bien de los ciudadanos de a pie". Lo de usar de prostitutas o prostitutos o de ligues, se puede dejar como está, pero no es lo más importante. Sólo para puritanos.
Pocas esperanzas. Es la especie humana la que funciona así y no sé por qué los economistas del FMI van a ser diferentes.
Eso sí: los hechos son tozudos y el Planeta contraataca.

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