miércoles, 13 de abril de 2011

Democracia: mayorías y temas

El juego democrático no es el de las adhesiones inquebrantables sino el de la regla de la mayoría para decidir sobre temas concretos. Dos casos al respecto.
El primero se refiere a las elecciones presidenciales del domingo en el Perú. Las encuestas habían ido dando a diversos candidatos como mejor situados pero, al final, todo parecía indicar que Ollanta Humala podría pasar a la segunda vuelta habiendo dudas sobre quién más lo haría. En lo que no había dudas es en que, de ser así, Humala perdería la segunda vuelta ya que los restantes unirían sus votos contra él. La mayoría es la mayoría, guste o no guste. No es de recibo, en efecto, defender la regla de la mayoría cuando se está en mayoría y rechazarla cuando se está en minoría... por poco democrática.
El segundo tiene que ver con un correo electrónico que he recibido. En él se me explicaban los motivos para no votar al PSOE en las próximas elecciones. Y las razones eran, todas ellas, de política nacional: las cosas que el gobierno del PSOE habría llevado a cabo y que el autor consideraba execrables y convertía en argumento para no votarles.
Comprendo que, en política y en la acción, el mundo se vea en blanco y negro. “Los míos” y “los otros” forman dos grupos tan diferenciados como “lo que hago” y “lo que no hago”. Pero se supone que el pensamiento (eso que tendría que caracterizar a los intelectuales) tiene, necesariamente, que entrar en matices. Pensar es considerar las distintas opciones, actuar es optar por una de ellas.
Claro que el oportunismo es mal común en política y sea frecuente correr “en socorro del vencedor” igual que es habitual el desencanto con opciones tomadas con anterioridad. Para el caso del PSOE se ha comentado repetidamente el desencanto de sectores de su electorado, cosa que explica que algunos que defendieron aquellas posturas, hoy ya no las defiendan. Pero también es perceptible que los vergonzantes del PP ahora anden eufóricos y ya no se recaten en mostrar sus preferencias de forma cada vez más clara.
Ya he dicho en colaboraciones anteriores que pienso votar de una forma en las municipales y de otra en las autonómicas. Las razones son muy variadas, pero lo digo para hacer ver lo fuera de foco que están los intentos de convertir las municipales y autonómicas de 2011 en una primera vuelta de las generales de 2012.
No. En las municipales se está discutiendo quiénes van a formar la corporación municipal y, por tanto, qué partido va a obtener la alcaldía. Por supuesto, y hay numerosos ejemplos recientes, obtener la mayoría de concejales no significa, automáticamente, que dicha mayoría vaya a decir quién es el alcalde. Como se ha visto (tránsfugas aparte), el juego de las mayorías trae consigo que partidos situados en segundo y tercer lugar (o incluso, más abajo) pacten una mayoría suficiente para lograr la anhelada alcaldía. También sucede (y ha sucedido) en algunas autonomías. Pero lo que se discute y se somete a votación no es el partido “nacional” y si lo ha hecho bien en el gobierno o la oposición, sino la composición del Ayuntamiento. Uno puede estar de acuerdo con lo que ha hecho el partido gobernante de su ayuntamiento (y si el pueblo es pequeño, la persona de los candidatos puede contar más que su adscripción política) y votarles, puede estar en desacuerdo y votar por otros para lo cual puede optar entre votar por quien crea que tiene posibilidades de lograr la alcaldía o por quien considera que representa lo que uno cree o espera y supone que es suficiente con que obtengan representación para hacer actividad opositora tan importante como la gobernante aunque no igualmente remunerada con sueldos, dietas, coches oficiales, guardaespaldas, viajes y mariscadas. Que coincidan o no con las propias opciones respecto a lo que votará en 2012 es (tendría que ser) secundario porque no es eso lo que está en discusión.
Lo mismo puede decirse de las autonómicas allí donde las haya (el correo recibido no parecía considerar esa realidad). Los argumentos para no votar al PSOE basados en qué han hecho (y bastante mal, todo sea dicho) en el gobierno de Madrid son tan poco válidos como para no votar al PP o a IU o a cualquiera de los restantes candidatos basados en su comportamiento o sus silencios a escala nacional. Insisto en que democracia es la regla de la mayoría aplicada a casos concretos. No engañemos.
(Publicado hoy en el diario Información - Alicante - )
(24 de abril: pues parece que es Ollanta el que podría ganar frente a Fujimori. Como ha indicado Vargas Llosa sr., el peso del padre es excesivo)

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