viernes, 8 de abril de 2011

Cuando un gobierno suspende pagos

Hoy viernes podría pasar. Que el gobierno de los Estados Unidos no pueda aprobar su presupuesto y tenga que confesar que no tiene dinero para pagar a sus funcionarios que tendrán que esperar a ver si cobran o no cobran. No es la primera vez que tal cosa sucede y lo cuenta en primera persona quien estuvo implicado en situaciones anteriores (Robert Reich), y ahora ve los toros desde la barrera y es capaz de desentrañar los complejos mecanismos personales, políticos y económicos detrás de tal situación.
Algunos de los Estados federados ya se han declarado en quiebra, así que el que ahora lo haga el gobierno central tampoco es novedad, aunque supongo que la culpa la tendrán los funcionarios a los que se les echará en cara todo lo que haga falta. Supongo que las operaciones militares no se verán afectadas, lo cual no deja de tener su gracia.
En las Españas la campaña contra los funcionarios sigue su marcha. Es fácil incitar a la crítica de los tales sobre todo entre personas que tienen empleos precarios y pueden envidiar la estabilidad laboral del funcionariado. El truco es bueno: divide a "los de abajo" y vencerás.
Porque en ambos casos, a pesar de las diferencias, lo que está en discusión son las malas prácticas de los gobiernos que han gastado por encima de sus posibilidades. Que la universidad en la que trabajé hasta hace poco haya tenido que pedir varias veces créditos puente para pagar a sus funcionarios ya que el gobierno autonómico no honraba sus presupuestos es un caso más de mala práctica por parte de dicho gobierno y mala cosa para una universidad que tendrá que pagar los intereses de esos créditos y, por tanto, detraer inversiones y reducir otros programas (el dinero no es elástico ni para el gobierno de los Estados Unidos que tiene el dólar para juegos artísticos que no quedan ocultados ni por una contabilidad creativa).
Volviendo a los Estados Unidos, lo que puede pasar hoy será usado (¿y azuzado?) en el contexto de la lucha política por la presidencia que se juega el año próximo. Un caso más de la profunda irresponsabilidad de la clase política mundial que tiene sus intereses por encima de los intereses de la institución política a la que dicen servir. El caso de los europarlamentarios sólo es anécdota. Pero igualmente significativa. Si el gobierno de la Unión Europea tuviese esos problemas de riesgo de bancarrota, seguro que lo último que haría sería reducir los dispendios del exilio dorado de los europarlamentarios.
(De momento, hubo acuerdo para que el gobierno federal pueda realizar sus pagos. Pero las espadas siguen en alto. Así es la política).

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