sábado, 23 de abril de 2011

Banalidad política

Me han llegado, de manera casi simultánea, dos recortes. En uno, Chomsky, entre otras cosas que vale la pena leer (como la "privatización del Planeta" o la duda de que el mundo sea "too big to fail" -traducido al castellano, días después, aquí), recuerda que el triunfo de Obama fue el triunfo de las relaciones públicas, del márketing político, de la venta de un producto llamado "candidato". Y vender no es informar sino convencer para que se compre un producto, con un buen envoltorio y haciendo palanca en sentimientos lo más primarios posible de los compradores, electores en este caso. La imagen antes que la idea. Lo que haga después, es lo de menos.
En el otro, tomado de la CBS y reproducido en la revista Time, se cuenta el resultado de una reciente encuesta en los Estados Unidos según la cual el 42 por ciento de los encuestados identificados con el Partido Republicano creen que Obama nació en otro país, 22 por ciento dice que no saben dónde nació y, finalmente, 32 por ciento dice que nació en los Estados Unidos. Los datos son estos:


El segundo, resumido en el gráfico, refleja lo que, en términos del márketing político, forma parte de la campaña para que Obama no sea reelegido en 2012. Ha sido una campaña sistemática poniendo en duda la nacionalidad del presidente y, por tanto, la legalidad (no se diga la legitimidad) de su presidencia. Así se está jugando ahora, pero no por eso hay que olvidar los peligros que conlleva ese juego. Eso sí, el gráfico también muestra que cada cual cree lo que quiere creer.
Puede parecer extravagante (como el amigo Gadafi, al decir del expresidente Aznar), pero no es tan distinto y distante de numerosas campañas en el mundo mundial, sea contra un gobierno o contra una oposición. 
En primer lugar, calumnia, que algo queda.
En segundo lugar, plantea asuntos sentimentales, no asuntos que requieran reflexión y análisis. Imágenes, no ideas.
En tercer lugar, "story telling", cuenta historietas lo más infantiles posible, ajenas a cualquier actividad intelectual que vaya más allá de la emoción primaria.
Los entusiasmos que se perciben en sectores de la opinión pública española y la "santa indignación" que les suscitan asuntos relativamente secundarios, serían ejemplos de que en todas partes cuecen habas. Para colmo, también en España se lleva ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio: el otro día, sin ir más lejos, un candidato por el partido A criticaba, en una charla de sobremesa, a los políticos de los partidos B y C por tener cargos sin preparación y sin experiencia. Olvidaba que la persona que había fundado su partido (el A) había ocupado su primer cargo político a los 27 años, después de tener puestos internos en otro partido (supongo que menos remunerados), y seguía hasta hoy en política, 32 años después. Nada que objetar a la situación de esta persona, pero sí al uso "marketinero" que de otros casos hacía el candidato cumpliendo con las tres reglas enunciadas más arriba.
Cuanto más superficial sea la supuesta discusión política, peor nos irá y a cuanto más revuelto ande el río, mejor pescarán los que saben hacerlo y no precisamente a beneficio de la colectividad. Chomsky, a este respecto, es pesimista desde su punto de vista ideológico. Obviamente, desde las posiciones opuestas, el futuro, políticamente hablando, es muy prometedor. Sepa entonces cada cual en qué dirección anda remando.

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