jueves, 24 de marzo de 2011

Presentación de libros

Uno de mis primeros libros, por lo menos el primero que se publicó en una editora "nacional", fue presentado en Madrid, hace como 30 años, por alguien que, evidentemente, no se lo había leído. Cierto que fue muy elogioso con el dicho libro, pero el presentador lo adscribía a una de las modas político-intelectuales de la época, moda de la que yo me distanciaba explícitamente en el texto.
El último de mis libros (último porque creo que no habrá otro después), fue presentado en Quito la semana pasada por quien, evidentemente, sí se lo había leído con detenimiento. Elogioso, sí, pero también poniendo de manifiesto sus carencias. La presentadora levantó acta de que las referencias a la perspectiva de género y, en general, a los problemas de la mujer eran sumamente escasas. Cierto y así lo reconocí en público.
Como se trataba de pobreza y violencia a escala mundial, es cierto que dicha perspectiva podría haberse incluido y no lo hice. En mi descargo apunté que pretender incluir todo lo posible en un libro es tan imposible como el mapa a escala 1:1 sobre el que ironizaba Borges:
En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.
De hecho, en el libro en cuestión, intento acotar el campo en el que me muevo y muestro algunos (no todos, claro, porque es imposible) de los elementos que dejo fuera del mismo.
Pero entiendo la crítica de la amable presentadora. Muchas ideologías tienen la tentación hegeliana de reducir la historia de la humanidad a la historia de alguna de sus contradicciones. Los idealistas creen que se trata de la lucha de las ideas y que el fin de la Historia se dará cuando triunfe la propia (las cosas de Fukuyama sobre el fin de la historia). Los marxistas, en el Manifiesto, dicen que se trata de la lucha de clases. Últimamente, hay quienes hablan del choque de civilizaciones. Y, sin duda, los que ponen la historia de la Humanidad como la historia de su lucha contra la Naturaleza están poniendo el dedo en la llaga porque las demás contradicciones podrían resolverse, según las respectivas ideologías, con el triunfo de una de las partes o con la superación (Aufhebung) de la contradicción. Pero la lucha contra la Naturaleza podría terminar con la desaparición de uno de sus elementos: la Humanidad misma.
Pues bien, entiendo a quienes piensan que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de géneros (o los sexos), tan real como las luchas anteriores. 
Como el mapa a escala 1:1 es imposible e inútil, no hay más remedio que, desde una de esas luchas, intentar ir ampliando el mapa para evitar la "complexité de la complexité" pero también el simplismo de creer que esa es la única contradicción posible (es la relevante para la ideología, pero no la única posible para el análisis y el diagnóstico).
Uno de mis maestros usa un folio que va doblando en sucesivas mitades (contradicciones) hasta reducirlo a un teórico punto en el que estarían todas las contradicciones posibles. La tarea es imposible: no se pueden considerar todas, pero tampoco se puede reducirlas a una sola, a no ser que el objetivo sea la movilización y no el "análisis concreto de situaciones concretas".
Cierto, pues, que mis referencias a las contradicciones de género son mínimas en el libro, pero no porque las niegue sino porque no cabe todo en un librito de 400 páginas que no puede pretender ser el Mapa del Imperio. De hecho, el tema lo he tratado en otros lugares con mi autoría o en colaboración.

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