miércoles, 2 de marzo de 2011

La circulación de las élites en las revoluciones

Wilfredo Pareto tenía una curiosa idea de la vida política. Pensaba que las personas se diferenciaban por los "residuos" (motivaciones profundas, no necesariamente conscientes) y sus "derivaciones" (el modo con que se justificaban los actos) y que, a efectos de la política, se podían individuar dos tipos diferentes de políticos por sus "residuos": los leones y los zorros (Se hizo más sociólogo que economista cuando vió que con la "racionalidad" dejaba demasiadas cosas importantes sin explicar).
Los leones eran los que eran capaces de dar el cambio, los revolucionarios. Obsérvese que la revolución es un acto, no un estado; ni siquiera la "revolución permanente", en el caso de existir, sería permanente sino temporal; lo cual quiere decir que a las revoluciones se les aplica también la "férrea ley de la oligarquía", el carácter conservador que acaban teniendo en el sentido de conservar "los logros de la revolución" y a los que la han conseguido, que son los leones: gente con ideas, visiones, fuerza... leones... que, con el tiempo, se veían incapaces de gestionar el día a día y eran sustituidos progresivamente por los zorros.
Los zorros eran los que tenía los "residuos" apropiados para negociar, transigir, complotar, pactar, manejar el día a día y conservar la "revolución" ahora ya no como cambio de la realidad sino como estructura de poder y, en el mejor de los casos, la retórica sobre los objetivos iniciales y fundacionales. Pero, claro, los excesos maquiavélicos de los zorros acababan pidiendo a gritos el cambio, la revolución... y volvían líderes-leones. Y vuelta a empezar.
La teoría es bonita, pero es obvio que tiene muchos fallos y muchos ejemplos que no encajan en la misma.  El caso de los revolucionarios que, físicamente, han seguido en el poder después de muchos años (Gadafi, los Castro) es uno de ellos. Tienen en común el presentarse no como gobernantes sino como líderes de la revolución, pero es obvio que su defensa del orden establecido por ellos puede convertirlos en reaccionarios (se dice en un artículo publicado en Aporrea, Venezuela, referido a Gadafi de modo que se vea la diferencia con los bolivarianos).
Por defender la teoría, siempre se podrá decir que ellos no han cambiado y han seguido en el poder años y años, pero que han ido siendo rodeados cada vez por más zorros que desplazarían a la camarilla de leones que tomó el poder, sustituyéndola por una nueva camarilla de zorros.
Dejemos de lado la teoría y vayamos a la realidad: sea o no sea norma general (que creo que no lo es y, por tanto, no se aplica a todos los casos), sí es una llamada de atención para otras revoluciones que, una vez estabilizadas, corren en riesgo de convertirse en reaccionarias precisamente por la exclusión de los leones y la irrupción de los zorros. Es el riesgo, si no ya realidad, de la "revolución ciudadana" en el Ecuador.

1 comentario:

  1. Me encantan las teorías y por suerte, cada día aprendo que la realidad a veces no cabe entre las costuras que la teoría impone. El master en realidad que hice siendo concejal me ayudó a descubrir todo esto. NI león, ni zorro, fui burro de carga mayormente..... :)

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