miércoles, 30 de marzo de 2011

Crecer o no crecer, he ahí el dilema

El dilema que afronta la sociedad humana a escala planetaria es sencillo de formular, pero muy difícil de resolver. Por un lado, hace falta crecer, a corto plazo,  para poder solucionar el problema del empleo y de la alimentación si no se cambia de modelo. Pero, por otro lado y a medio plazo (si no a corto también), hace falta decrecer para poder resolver el problema del medioambiente y, eventualmente, para resolver el problema anterior mediante estrategias como el reparto del trabajo o cambios en los hábitos como podría ser la reducción del consumo.
Las causas de la crisis primero financiera y después económica mundial son conocidas en sus líneas básicas, pero también los efectos que está teniendo en los países centrales y en los llamados “emergentes”. Los casos de los Estados Unidos y de España entre los primeros y de la China y Rusia entre los segundos son, tal vez, los más llamativos: aumento del desempleo hasta cifras insostenibles. Si no hay un cambio en las reglas del juego globales, no hay otra forma de abordar este problema que mediante el crecimiento económico, en especial si va acompañado de alguna forma de redistribución. Efectivamente, el crecimiento económico habla del tamaño de la tarta, pero no de cómo llega a cada ciudadano el fruto del reparto.
Por otro lado, en el otro extremo de la jerarquía mundial (y, de nuevo, si no se cambian las reglas del juego), hay estimaciones de lo que las citadas crisis pueden suponer para el número de pobres en el mundo, que podría aumentar, por causa de las mismas, en 64 millones por encima de lo que ya el funcionamiento del sistema podría haber hecho aumentar. Es cierto (y, una vez más, bajo las actuales reglas del juego) que si la población aumenta, hará falta aumentar correlativamente la producción agrícola, con independencia del hecho de que, con la actual producción y reduciendo el desperdicio producido por los ricos, sería posible alimentar a toda la población y reducir el número de hambrientos desde los 1.000 millones que podría haber en la actualidad. De nuevo es una cuestión de distribución, no de producción, pero que no se aborda bajo las actuales reglas del juego.
La respuesta convencional a estos problemas y, por tanto, la dominante en los gobiernos de los diferentes países, es la de buscar el crecimiento a toda costa ya que, olvidando las causas y prescindiendo de los perdedores extremos en la crisis, esta es vista como una crisis de decrecimiento: del PIB, del empleo y, en general, de la satisfacción de las necesidades básicas de la población. No hay tanta preocupación por la equidad en el reparto de dicho crecimiento, pero de crecimiento económico se trata y a corto plazo.
La dificultad viene dada por los ya clásicos “límites del crecimiento”, ahora ya claramente ambientales. La hipótesis Gaia que en sus primeras formulaciones hacía pensar que el Planeta sería capaz de reaccionar con homeostasis a los cambios producidos por la actividad humana, ahora lleva a plantearse la posibilidad de que se haya llegado o se esté llegando al punto de no-retorno: ya no es sudar o temblar ante el calor o el frío, sino morir de golpe de calor o de frío. Sea como fuere, sí está claro que las agresiones al Planeta están produciendo ahora daños muy grandes y que la temperatura media del Globo ha aumentado (el 2010 ha tenido la temperatura media más alta desde que se llevan registros de la misma). Si va a seguir la tendencia o no, se puede discutir y de hecho se discute aunque con intereses creados perceptibles en unos y otros. Pero el hecho es que la situación es grave y que exige, como indica el Banco Mundial, ser abordada con inteligencia.
Y ahí interviene la propuesta del “decrecimiento”, no en el sentido anotado más arriba sino en el de cambiar de reglas del juego, no darle prioridad al crecimiento por el crecimiento, reducir el consumo de “los de arriba” (sean grupos sociales o países) e introducir medidas, de común acuerdo, para que las tendencias observadas y constatadas no se perpetúen, ya que supondrían graves daños para la especie humana si no su desaparición.
Los gobiernos y gran parte de la opinión pública parecen haber optado por el crecimiento a toda costa y a corto plazo. El problema es saber si, con respecto a la catástrofe ecológica que se anuncia a medio plazo, tal opción no hace sino agravar el problema. That is the question.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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