lunes, 28 de febrero de 2011

Personalidad y contexto

En su artículo "Sobre los tipos libidinales", Freud hacía la siguiente clasificación según qué instancia de la personalidad predominase. Pertenezco al segundo grupo.

PREDOMINIO
TIPO
DESORDEN
Ello
Erótico
Histeria
Superyo
Obsesivo
Neurosis obsesiva
Yo
Narcisista
Psicosis

No es que me haya dado un desorden propio de los narcisistas, sino que es una de las cosas que me han venido a la cabeza cuando me he dado cuenta de que una visita a la comisaría me ponía nervioso. El predominio del superyo en los obsesivos hace que tengamos una curiosa relación con la autoridad, en este caso, la policía; que tengamos un temor reverencial hacia la misma pensando en qué habremos errado y si no estaremos en falta; y que algunos reaccionemos (sobre-reaccionemos) contra la autoridad de forma libertaria.
Estas consideraciones para explicar mi nerviosismo no encajan con mi deformación profesional, que lleva a buscar en el ambiente o en el contexto razones para esa desazón. Las hay. 
Sucede que todavía hoy, cuando paso por delante de la comisaría de policía de Vía Layetana en Barcelona, no puedo evitar un ligero estremecimiento. Viví en Barcelona los últimos años de franquismo y aquella comisaría era un lugar de detención y tortura de los disidentes políticos de la época. Ahora esa policía ya no va de gris (ya no son "los grises") sino de azul oscuro, como el policía que me atendió educado y distante cuando fui a pedir una "carta de invitación" para un muy querido amigo ecuatoriano. El funcionario aplicó la ley tal vez pensando que yo era un traficante de inmigrantes, pero no voy a entrar en ese tema ahora: lo dejo para cuando regrese del Ecuador el mes que viene.
Lo que uno encuentra en la comisaría para el NIE o para la "carta de invitación" no es de echar cohetes. Y eso daba por supuesto que lo encontraría, aunque el temor que he percibido ha resultado ser menor del que me esperaba. O no he sabido percibirlo. Pero sí sé que en asuntos de inmigración la España plural, abierta y pizpireta, con Casa abierta a todos (Casa Mediterráneo, Casa Asia y Casa de Bernarda Alba), no está a la altura de las circunstancias y se han promulgado leyes y órdenes presidenciales de muy dudoso gusto y sí de un positivo mal gusto. Que es ante lo que temía que iba a enfrentarme, como así ha sido.
Puedo, volviendo a Freud, racionalizar mis desasosiegos y convertir mi reacción en un caso de "personalidad y cultura", un tema que se discutía en los años 50 y que a mí me interesó cuando era estudiante en los 60. Tampoco pasa nada. pero lo que resulta es que algo tan sencillo y concreto como una ansiedad o nerviosismo es efecto de un cruce de factores que impide atribuir uno solo el peso definitivo. Y si eso es para una cosa tan nimia, ¿qué no será para asuntos complicados de esos que únicamente los ignorantes dicen "eso está muy claro"?

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