viernes, 18 de febrero de 2011

Lenguas minoritarias

Hay dos opciones extremas respecto a las lenguas minoritarias. Por un lado, se las puede dejar morir, ahogadas por el peso de las lenguas mayoritarias. Por otro lado, se las puede defender en aras de la identidad de sus hablantes y de la "riqueza cultural" que, dicen, se basa en la heterogeneidad.
Hace ya muchos años que escribí Política lingüística y lenguas minoritarias. He recordado el librito al leer en el People's Daily unas referencias a la primera minoría china después de los Han, a saber, los Zhuang. La Comisión Estatal sobre Asuntos Étnicos ha comenzado a ocuparse del asunto y levanta acta de que la televisión que ven en la región autónoma de Guangxi Zhuang o no se emite en la lengua de la región o ni siquiera lleva subtítulos en la misma.
Qué sea una lengua minoritaria es siempre una cuestión del término de referencia. El catalán es mayoritario en Cataluña, pero minoritario en España (como los negros -afroamericanos-, y espero que no se me malinterprete, son minoría en los Estados Unidos y mayoría en Washington). El zhuang es mayoritario en Guangxi Zhuang pero minoritario en la China. Solo que solo lo hablan 17 millones de personas.
Las opciones siguen siendo las mismas: la identidad de unos frente a la libertad de otros y hasta la identidad frente al bienestar. La jerarquía de valores define las diferentes ideologías sobre las lenguas minoritarias. Pero estos gobernantes chinos parece que saben que no se puede estirar un resorte indefinidamente sin que acabe por romperse, y el peso de los sentimientos identitarios, convenientemente fomentados, puede hundir el entramado. Si entiendo bien, se trata de dar soguilla (como cuando se pesca un pez grande con una caña), cambiar algo para que nada cambie. Lo contrario es demasiado arriesgado, cosa que parece que no saben en Madrid, sobre todo los que se erigen en defensores de la "otra" identidad.

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