martes, 8 de febrero de 2011

Lenguaje del imperio

La lengua del imperio es otra cosa: es la lengua que los imperios imponen a sus colonias y que las élites de las mismas aceptan encantados. El latín, el quechua, el castellano, el inglés y hasta el ruso en los tiempos de la URSS (fue el detalle que la editorial polaca que tradujo un viejo librito mío sobre las lenguas pidió que suprimiese: el número de libros en ruso que había visto en una biblioteca de la Academia Polaca de las Ciencias de aquellos tiempos; algo así como el número de libros en inglés que veo en cualquiera de las bibliotecas españolas incluyendo mis propias bibliografía y citas).
Por no salirme de la norma, encuentro (en inglés, por supuesto) un texto interesante sobre el lenguaje de los imperios, es decir, sobre el modo con que las élites imperiales se dirigen a sus colonias. Lo llama "lenguaje de la tiranía", pero lo podemos dejar en lenguaje de los imperios y que es doble. Por un lado, el lenguaje de la fuerza, de los imperativos ("debes hacer", "hazlo"), del poder militar, del "hard power" del que habla Joseph Nye (en inglés, por supuesto). Este último lo opone al "soft power", pero Chris Hedges, que es el que he citado como texto interesante, no los opone sino que los ve como complementarios. Se trata de las legitimaciones con las que se dulcifica el lenguaje del imperativo haciendo que los que se someten lo encuentren razonable e incluso deseable.
Hedges hace un rápido recorrido por los imperios (habría que añadir, entre los que me interesan, el imperio inca que también uso de ambos lenguajes aunque los cronistas se distinguen por privilegiar uno u otro, generalmente el nostálgico del "poder blando"). 
Está el español que mejor habría que llamar el de los Austria, del mismo modo que no tiene mucho sentido llamar al imperio inca, imperio "peruano". Efectivamente, se trataba, en ambos casos del dominio del rey (en cuyos territorios - eran de su propiedad, no de la futura España-  nunca se ponía el sol) o del inca  (con cuyos territorios - eran de su propiedad, no del futuro Perú- se pretendía abarcar al mundo entero a partir de su centro, el Cusco u ombligo).
Está la barbarie del rey Leopoldo en el Congo, un asunto que los civilizados europeos, y supongo que por inclusión los belgas, procuran pasar como gato sobre brasas.
Y así sucesivamente empezando por los romanos hasta llegar al imperio estadounidense. 
Que practica el doble lenguaje, me parece obvio. Palo y zanahoria, ejército y democracia. Prepotencia y buenas voluntades.
Lo que es lícito preguntarse es si no habrá que buscar aquí a los Austria o a los Inca en lugar de hablar de españoles o peruanos. Cierto que, si hablamos de españoles o peruanos, estamos cayendo en el anacronismo: aplicamos a una realidad palabras que provienen de un tiempo diferente, en este caso posterior. Si algún nacionalista español pretende que España ya existía entonces en los términos en que existe ahora, pues qué le vamos a hacer. Claro que había un territorio así llamado, pero la facilidad con que se adquirían, heredaban, vendían o perdían territorios hace pensar que incluso esa geografía era problemática, amén de sus divisiones internas. En el caso peruano, va a resultad difícil decir que el Perú ya existía bajo Manco Capac. 
Pero ¿y los Estados Unidos? Igual habrá que hablar de sus élites y no del país, como en el otro caso, si se trata de describir su imperio. Ya no es lo mismo: no son monarquías absolutas con poder y legitimación (por la gracia de Dios, por la gracia del Sol) como las antiguas. Pero sí parece que seguir hablando de países donde lo que hay son clases es una forma de aceptar el lenguaje suave y legitimador de las élites que hoy dominan por la fuerza y la ideología. Y por la lengua, of course.

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