miércoles, 9 de febrero de 2011

La decadencia de Occidente

Un artículo en La Repubblica, a propósito de un nuevo libro sobre el "desastre" que es la escuela italiana, en la que los asistentes (excesivo es llamarles "estudiantes" ya que no ejercen de tales) van sin interés alguno para enfrentarse a sucesivas reformas educativas que lo que consiguen es reducir su interés. 
El artículo tiene dos puntos dignos de mención. Primero, hacer ver que ese "desastre" no es italiano sino occidental. Pone el ejemplo de la Inglaterra donde se ha suprimido el estudio de lenguas extranjeras por el simple hecho de que "todo el mundo habla inglés", es decir, por la reducción del aprendizaje de las lenguas a lo puramente instrumental-económico (¿les suena, a los antibolonios?). Pero se podría ampliar a España en general y a la mayoría de sus comunidades autónomas en particular. Vocabularios que se reducen, desinterés por el aprendizaje de lo que no tenga utilidad inmediata y, a ser posible, económica (van "daos") e incapacidad para la lectura comprensiva, para el análisis y para la distancia crítica ante los medios.
Segundo punto, que me interesa todavía más (ya no protesto por la "calidad" e "interés" de los que llegan a la Universidad y miran a quien está en la tarima con la misma disposición con que una vaca miraría al Guernika de Picasso), relacionar el "desastre" de la escuela occidental con la progresiva desindustrialización de Europa, la pérdida de interés por hacer cosas y la igualmente progresiva presencia de lo financiero, a ser posible especulativo y de información privilegiada. No recuerdo ahora los "rankings" de PISA, pero me parece que "Oriente" salía mejor parado que "Occidente".
Un caso más en el que vale la pena mirar al conjunto antes de quedar pegado, como las moscas al papel antimoscas, al detalle local. Que, por cierto, se las trae en la Comunidad Valenciana donde se pretendió enseñar "Educación para la Ciudadanía" en inglés y se ha introducido el chino en algunas escuelas. Gran visión de futuro que no viene acompañada con inversión paralela. De buenas intenciones (si es que lo son y no son patochadas) está lleno el infierno.

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