miércoles, 16 de febrero de 2011

Estados Unidos revolucionario

Esta carta fue escrita a finales de 1864 y enviada a principios de 1865 dirigida el ya presidente Abraham Lincoln. Copio el comienzo

We congratulate the American people upon your re-election by a large majority. If resistance to the Slave Power was the reserved watchword of your first election, the triumphant war cry of your re-election is Death to Slavery.
From the commencement of the titanic American strife the workingmen of Europe felt instinctively that the star-spangled banner carried the destiny of their class. The contest for the territories which opened the dire epopee, was it not to decide whether the virgin soil of immense tracts should be wedded to the labor of the emigrant or prostituted by the tramp of the slave driver?
Los firmantes se congratulan de la reelección de Lincoln y la vinculan al final de la esclavitud. Subrayo el comienzo de su segundo párrafo en el que se constata que la clase obrera europea ha comprendido instintivamente que la bandera estrellada (la de la Unión) era portadora de su destino, del de la clase obrera. La epopeya decidió que los vastos territorios vírgenes fuesen dedicados al trabajo de los inmigrantes y no al de los esclavos. Sin referencias a los indígenas, por supuesto, que en esa época no se preocupaban por esas minucias. Entre los firmantes estaba Karl Marx y se supone que es el autor de la misiva.
En 1918, Lenin mantenía retazos de esa posición: 
The history of modern, civilised America opened with one of those great, really liberating, really revolutionary wars of which there have been so few compared to the vast number of wars of conquest which, like the present imperialist war, were caused by squabbles among kings, landowners or capitalists over the division of usurped lands or ill-gotten gains. That was the war the American people waged against the British robbers who oppressed America and held her in colonial slavery, in the same way as these “civilised” bloodsuckers are still oppressing and holding in colonial slavery hundreds of millions of people in India, Egypt, and all parts of the world.
 Pero la cosa había cambiado y la carta a los obreros estadounidenses comenzaba de otra forma:
...the American revolutionary workers have to play an exceptionally important role as uncompromising enemies of American imperialism—the freshest, strongest and latest in joining in the world-wide slaughter of nations for the division of capitalist profits.
Algo fallaba. Pero pongo ambos casos como ejemplos de las relaciones públicas que la élite estadounidense practicó incluso sobre estos revolucionarios. Después vino de lo "fabricar el consenso" y la Comisión Creel, pero la línea de su "public diplomacy" (relación entre su gobierno y las opiniones públicas extranjeras) corre hasta nuestros días. Y eso es lo que la China no acaba de saber hacer, más allá de sus relaciones económicas y su peculiar idea de la "cooperación al desarrollo". Pero, de eso, mañana.
De momento, un magnífico artículo comparando el síndrome de "pueblo elegido" que campa por sus respetos en los Estados Unidos de hoy y el que se observaba en la España imperial desde los Reyes Católicos a Felipe IV. ¿Tiene China posibilidades de sentirse "pueblo elegido"? Parece que no. El Japón, sí, y por una diosa (Amaterasu) eligiendo las islas creadas por Izanami e Izanagi. Tal vez en la China hay suficiente arrogancia como para no creer que pueda haber alguien por encima que la pueda elegir (sucede con algún otro país, europeo en este caso. Tal vez Francia).

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